martes, 19 de mayo de 2026

LLEVEMOS NUESTRAS ROCAS MILAGROSAS

 

Hace algunos días tuve un sueño, no suelo prestarles mucha atención a los sueños por que como lo escribió Pedro Calderón de la Barca en su obra La vida es Sueño: Toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son. Usualmente no gasto mucha energía en ellos. Pero este fue diferente, en este sueño vi a una persona que le tengo mucho cariño.

Resulta y pasa que cuando estaba viviendo en Lima, trabajando y estudiando, conocí a una familia muy especial, los muchachos no solo me dieron su amistad y cariño, sino que toda la familia me dio un amor sincero. Tanto así que yo pasaba muchas horas en la casa y mucha gente pensaba que yo era parte de la familia.

A la matriarca del hogar le decíamos cariñosamente “Mamushca”; en fin, la Mamushca nos quería a todos sus hijos y lo hacia saber de muchas maneras, la mas notoria para los varones era la comida. En la familia estaba Mari, Bea, Richard, Kike y Anakin, aunque su verdadero nombre es Hinder, siempre le llame Anakin.

Pues sí, en mi sueño yo estaba viajando en avión a Lima, pero por alguna razón que no puedo explicar, el vuelo se desvió a Ayacucho y ahí al bajar del avión me encontré con la Mamushca. Así que ella nos dirigió en nuestra estadía por Huamanga. Caminamos por unos lugares cuya vista era maravillosa. Todo el paisaje andino de la estación de primavera. El verdor de los bosques y las flores de los campos. Ella nos dirigía y la seguíamos emocionados del entorno. Ya habíamos salido de la ciudad y estábamos en la zona enteramente rural, seguíamos ahora un camino estrecho pero agradable. No podría explicar porque ese paisaje me causaba mucha felicidad, pero lo real es que estaba disfrutando mucho.

De pronto llegamos como a un poblado pequeño, parecía que ahí eran todos familiares, lo más resaltante además del hermoso lugar era que había un rio de aguas cristalinas, parecía que sus aguas provenían de un nevado o algo así. Ese rio no era muy grande así que jugué con sus aguas un poco estando en la orilla. De pronto una persona se acerco y nos dio la bienvenida. Era un familiar de la Mamushca por que la saludaron afectuosamente, ella nos presento como si fuéramos su familia también así que también nos recibieron con mucha calidez. Que bello lugar, pensé. Me gustaría pasar mucho tiempo con ellos. Ahí no existía otra cosa que no sea paz, era una especie de mundo mágico. Comimos muy rico y disfrutamos a mas no poder. Algo interesante es que también lavamos nuestra ropa en el rio. Creo que lo único triste fue que yo no pertenecía a ese lugar, que solo estaba ahí por la Mamushca y que esa felicidad seria pasajera porque habría que seguir mi viaje.



Esa mañana desperté feliz por aquel sueño, y es que, como lo dijo alguna vez Marian Rojas Estape (afamada psiquiatra y escritora), El cerebro no diferencia entre una experiencia real y una vívidamente imaginada. Cuando recuerdas, visualizas o anticipas algo con emoción, tu cuerpo activa las mismas redes neuronales y respuestas fisiológicas.

Ese día mi cuerpo sentía que realmente yo había tenido ese viaje, fue genial.

Todo el día pensando en ese sueño y por la noche leí algo que me fue muy fácil de relacionar.

En el Antiguo testamento el libro de Josué cuenta un relato que me hizo pensar sobre las cosas maravillosas que nos pasan en la vida y solemos olvidarlas.

Todo el pueblo de Israel estaba camino a la tierra prometida, pero tenían al Jordán que les impedía seguir su camino, así que Jehová les mostro otro gran milagro:

Y aconteció que cuando partió el pueblo de sus tiendas para pasar el Jordán, y los sacerdotes iban delante del pueblo llevando el arca del convenio,

y cuando los que llevaban el arca entraron en el Jordán, y los pies de los sacerdotes que llevaban el arca se mojaron a la orilla del agua (porque el Jordán suele desbordarse por todas sus orillas todo el tiempo de la siega),

las aguas que venían de arriba se detuvieron como en un muro bien lejos de la ciudad de Adán, que está al lado de Saretán; y las que descendían al mar de los llanos, al mar Salado, se detuvieron por completo y se dividieron; y el pueblo pasó derecho hacia Jericó.

                                Josué 3: 14-16

Pasar por una experiencia como esa seguramente toco el corazón del pueblo de Israel, sin embargo, y es nuestra naturaleza, olvidamos hasta los mas remarcables momentos de nuestras vidas. Es así que Josué, anticipando aquella debilidad del pueblo por recordar momentos icónicos, mando que doce personas recogieran piedras del rio que estaban pasando, de aquel rio que estaba seco momentáneamente, y lo llevaran a un lugar y lo erigieran como recuerdo de aquella celestial experiencia.

Y los hijos de Israel lo hicieron, así como Josué les mandó, y tomaron doce piedras de en medio del Jordán, como Jehová se lo había dicho a Josué, conforme al número de las tribus de los hijos de Israel, y las llevaron consigo al lugar de alojamiento, y las asentaron allí.

Josué 4:8

 Y habló a los hijos de Israel, diciendo: Cuando mañana pregunten vuestros hijos a sus padres, y digan: ¿Qué significan estas piedras?,

 

 les explicaréis a vuestros hijos, diciendo: Israel pasó en seco por este Jordán.

 Porque Jehová vuestro Dios secó las aguas del Jordán delante de vosotros, hasta que hubisteis pasado, de la manera que Jehová vuestro Dios lo había hecho en el mar Rojo, el cual él secó delante de nosotros hasta que pasamos.  Josué 4:21-23

Estos versículos del antiguo testamento refrescaron mi memoria, recordé lo mucho que Dios me ama y el milagro de haber conocido a una familia maravillosa, unos amigos que eran como mis hermanos, a una mujer maravillosa, mi Mamushca, que fue como una madre para mí. Es mi deber no olvidar esas experiencias. De alguna manera esta historia que hoy me anime a escribir, represente de alguna forma aquellas rocas que debieron cargar los del pueblo de Israel, para que yo recuerde los milagrosos acontecimientos de mi vida, aquellas experiencias que casi casi lo olvidaba.

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