miércoles, 17 de junio de 2026

LOS CADETES DE VARGAS LLOSA

La vida nos enseña de muchas maneras, y para mí, también lo hace a través de la literatura. Acabo de terminar de leer La ciudad y los perros de Mario Vargas llosa, y es mi intención plasmar algunas de mis impresiones en estos párrafos.

Debo confesar que inicié esta lectura con muy pocas expectativas, creo que me dejé llevar por mis propias percepciones y no le daba mucho crédito a Vargas Llosa como escritor. Al menos consideraba que su estilo literario no era de mi agrado. Cuando leí Don Quijote de la Mancha, compré la edición de la Real Academia de la Lengua española (RAE), ahí descubrí que existe una colección de clásicos donde estaba incluida esta obra. Entonces si la Real Academia consideraba un clásico a La ciudad y los perros, yo quise darme una oportunidad y conocer directamente la creacion de Mario Vargas Llosa.

Al principio me costó mucho seguirle el ritmo a su estilo literario, y es que no existe linealidad en esta obra. Salta de una historia a otra muy rápidamente y sin previo aviso. Después me fui empapando y compenetrando con los personajes y la trama. La linealidad que estaba acostumbrado en otras obras ya no era una molestia.

Debo confesar que al principio me pareció muy semejante a la obra de José María Arguedas, Los ríos profundos, donde el universo de la historia es un colegio internado en Abancay. Aquí en La ciudad y los perros también el microcosmos es el colegio militar Leoncio Prado. Pero aquí el personaje principal ya no era Ernesto, un niño adolescente donde gira toda la trama. Aquí teníamos a Alberto, pero avanzando en la trama cobran notoriedad otros personajes y al final el personaje principal resulta ser otro. Estos personajes representaban una realidad diferente. Realidad tan variada como las razas de nuestra sociedad peruana.

Me puse en los zapatos de Alberto, a quien le decían el poeta, un joven que provenía de una clase media, padres con desafíos matrimoniales, pero en general de buena educación. Sin embargo, también me conmovió el estudiante Arana, al cual la mayoría de los compañeros acosaban.

Como la mayoría de las historias siempre hay un villano que en este caso era Esteban (el jaguar), personaje muy odiado por mi parte por que representaba lo matonesco, lo vil y aquel que siempre quiere controlar todo violando las normas.

Si pensamos en una institución como un colegio militar, lo primero que diríamos es que en ese lugar reina la disciplina y los buenos modales. Creo que lo que el autor nos enseña es que, en nuestra sociedad, no todo lo que brilla es oro, que no juzguemos al libro por la portada. Para el autor, dentro del colegio había todo menos disciplina.

Quiero concentrarme en los amores de Teresa, una muchacha que influyó en la vida sentimental de tres compañeros de la misma clase del colegio militar Leoncio Prado.

Primero mencionar a Arana, de sobrenombre el esclavo, quien era vecino de la joven y que se enamoró de la muchacha de forma platónica y unilateral. Teresa nunca supo de los sentimientos de Arana. Pero el esclavo si estaba obsesionado con ella y de manera muy desproporcionada. Fue tanta esa energía que lo empujo a hacer cosas irracionales y poco éticas. Al final eso le llevo a que sus compañeros le tuvieran rencor y alguien lo mató por soplón. Es que el esclavo estaba dispuesto hasta de acusar a sus amigos, de entregarlos ante la autoridad, solo para obtener beneficios de salida los fines de semana. todo para ver a su amada Teresa. Como no podía salir por que lo castigaban constantemente, le pide a su amigo el poeta, para que vaya a visitar a Teresa y disculparse por la cita fallida.

Alberto le hace el favor a su amigo y busca a Teresa y no solo le da el recado, sino que termina saliendo y enamorándose de Teresa. Pero no era un amor obsesivo ni enfermizo. Alberto estaba enamorado, a mi juicio, del amor. Ella era una ilusión, Teresa le atraía, pero más parecía un amor de verano. De hecho, al poco tiempo de estar con Teresa, ocurrió un malentendido y aquello fue suficiente para salir con otra muchacha.

A la mitad de la lectura aparece un personaje misterioso, Vargas Llosa hace bien su trabajo de mantenernos con interés hasta el final para decirnos quien es el pretendiente.

Era un joven esencialmente bueno, de una familia disfuncional y pobre, maltratado por la vida y aun así con mucha fuerza de voluntad para salir adelante. Este muchacho se hace ladrón para poder tener dinero y cortejar a Teresa, estaba enamorado de ella y sentía que sin dinero no podría llegar a conquistar su corazón. El hampa también le dio dinero para mantener a su madre. Como todo lo fácil se va fácil y tiene consecuencias. Este joven termina escapando de la policía y pidiendo ayuda a su padrino. Este señor lo lleva a vivir a su casa, pero prácticamente lo explota. La esposa del padrino espera que el esposo se vaya de viaje y acosa al joven y consecuentemente tienen una relación. El joven, aunque no gustaba de la mujer cede para poder conseguir sus propósitos. El mayor deseo era entrar en el colegio Leoncio Prado, propósito que lo logra. Entonces, dentro de la institución educativa militar, asistían diferentes muchachos que provenían de distintos mundos y realidades.

Al final, El poeta, un joven que tuvo la suerte de criarse en un hogar de clase media y con posibilidades de un futuro brillante, representa quizá aquel doble racero, la doble personalidad. Un joven inteligente que escribía muy bien y era a toda vista un alumno ejemplar. Al final este decidió seguir el ejemplo de su padre. Un hombre que si bien tenía dinero y una posición social, pero que engañaba a su esposa. Eso es lo que Alberto visualizaba estando con su novia Marcela cuando egresó del colegio Militar.

El jaguar, aquel personaje odiado y estigmatizado por mi parte, resultó ser el personaje que más satisfacción terminó por darme.  Fue precisamente el Jaguar, a quien Vargas Llosa se refería con ese personaje misterioso. Era el quien realmente amó a Teresa y que la dejó de ver por un tiempo y que el destino los volvió a unir. Resulta que el jaguar era bueno en esencia y que su comportamiento era básicamente producto de una niñez disfuncional. Dentro de esa personalidad se encontraba una persona que nunca engañaría a un compañero, que estaría con él hasta en la peor situación. Nunca abandonaría a un amigo. Después del colegio, el jaguar consigue un trabajo estable, deja atrás el mundo del hampa y se casa con su amada Teresa.

Me quedé pensando en algo que analicé varias veces durante esta lectura: al principio yo consideraba al Jaguar prácticamente un villano, mientras que Alberto me parecía el personaje más admirable. Al terminar la novela, mi juicio se volvió mucho más complejo. Esa transformación del lector es una reflexión muy valiosa y podría convertirse en el verdadero cierre de este artículo.

Esta experiencia literaria me enseña principalmente lo importante que es ser empático, que no debemos juzgar rápidamente a las personas, que los actos y acciones de los hombres tienen una razón de ser, y que al final a una persona se le conoce por los frutos que produce.

martes, 19 de mayo de 2026

LLEVEMOS NUESTRAS ROCAS MILAGROSAS

 

Hace algunos días tuve un sueño, no suelo prestarles mucha atención a los sueños por que como lo escribió Pedro Calderón de la Barca en su obra La vida es Sueño: Toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son. Usualmente no gasto mucha energía en ellos. Pero este fue diferente, en este sueño vi a una persona que le tengo mucho cariño.

Resulta y pasa que cuando estaba viviendo en Lima, trabajando y estudiando, conocí a una familia muy especial, los muchachos no solo me dieron su amistad y cariño, sino que toda la familia me dio un amor sincero. Tanto así que yo pasaba muchas horas en la casa y mucha gente pensaba que yo era parte de la familia.

A la matriarca del hogar le decíamos cariñosamente “Mamushca”; en fin, la Mamushca nos quería a todos sus hijos y lo hacia saber de muchas maneras, la mas notoria para los varones era la comida. En la familia estaba Mari, Bea, Richard, Kike y Anakin, aunque su verdadero nombre es Hinder, siempre le llame Anakin.

Pues sí, en mi sueño yo estaba viajando en avión a Lima, pero por alguna razón que no puedo explicar, el vuelo se desvió a Ayacucho y ahí al bajar del avión me encontré con la Mamushca. Así que ella nos dirigió en nuestra estadía por Huamanga. Caminamos por unos lugares cuya vista era maravillosa. Todo el paisaje andino de la estación de primavera. El verdor de los bosques y las flores de los campos. Ella nos dirigía y la seguíamos emocionados del entorno. Ya habíamos salido de la ciudad y estábamos en la zona enteramente rural, seguíamos ahora un camino estrecho pero agradable. No podría explicar porque ese paisaje me causaba mucha felicidad, pero lo real es que estaba disfrutando mucho.

De pronto llegamos como a un poblado pequeño, parecía que ahí eran todos familiares, lo más resaltante además del hermoso lugar era que había un rio de aguas cristalinas, parecía que sus aguas provenían de un nevado o algo así. Ese rio no era muy grande así que jugué con sus aguas un poco estando en la orilla. De pronto una persona se acerco y nos dio la bienvenida. Era un familiar de la Mamushca por que la saludaron afectuosamente, ella nos presento como si fuéramos su familia también así que también nos recibieron con mucha calidez. Que bello lugar, pensé. Me gustaría pasar mucho tiempo con ellos. Ahí no existía otra cosa que no sea paz, era una especie de mundo mágico. Comimos muy rico y disfrutamos a mas no poder. Algo interesante es que también lavamos nuestra ropa en el rio. Creo que lo único triste fue que yo no pertenecía a ese lugar, que solo estaba ahí por la Mamushca y que esa felicidad seria pasajera porque habría que seguir mi viaje.



Esa mañana desperté feliz por aquel sueño, y es que, como lo dijo alguna vez Marian Rojas Estape (afamada psiquiatra y escritora), El cerebro no diferencia entre una experiencia real y una vívidamente imaginada. Cuando recuerdas, visualizas o anticipas algo con emoción, tu cuerpo activa las mismas redes neuronales y respuestas fisiológicas.

Ese día mi cuerpo sentía que realmente yo había tenido ese viaje, fue genial.

Todo el día pensando en ese sueño y por la noche leí algo que me fue muy fácil de relacionar.

En el Antiguo testamento el libro de Josué cuenta un relato que me hizo pensar sobre las cosas maravillosas que nos pasan en la vida y solemos olvidarlas.

Todo el pueblo de Israel estaba camino a la tierra prometida, pero tenían al Jordán que les impedía seguir su camino, así que Jehová les mostro otro gran milagro:

Y aconteció que cuando partió el pueblo de sus tiendas para pasar el Jordán, y los sacerdotes iban delante del pueblo llevando el arca del convenio,

y cuando los que llevaban el arca entraron en el Jordán, y los pies de los sacerdotes que llevaban el arca se mojaron a la orilla del agua (porque el Jordán suele desbordarse por todas sus orillas todo el tiempo de la siega),

las aguas que venían de arriba se detuvieron como en un muro bien lejos de la ciudad de Adán, que está al lado de Saretán; y las que descendían al mar de los llanos, al mar Salado, se detuvieron por completo y se dividieron; y el pueblo pasó derecho hacia Jericó.

                                Josué 3: 14-16

Pasar por una experiencia como esa seguramente toco el corazón del pueblo de Israel, sin embargo, y es nuestra naturaleza, olvidamos hasta los mas remarcables momentos de nuestras vidas. Es así que Josué, anticipando aquella debilidad del pueblo por recordar momentos icónicos, mando que doce personas recogieran piedras del rio que estaban pasando, de aquel rio que estaba seco momentáneamente, y lo llevaran a un lugar y lo erigieran como recuerdo de aquella celestial experiencia.

Y los hijos de Israel lo hicieron, así como Josué les mandó, y tomaron doce piedras de en medio del Jordán, como Jehová se lo había dicho a Josué, conforme al número de las tribus de los hijos de Israel, y las llevaron consigo al lugar de alojamiento, y las asentaron allí.

Josué 4:8

 Y habló a los hijos de Israel, diciendo: Cuando mañana pregunten vuestros hijos a sus padres, y digan: ¿Qué significan estas piedras?,

 

 les explicaréis a vuestros hijos, diciendo: Israel pasó en seco por este Jordán.

 Porque Jehová vuestro Dios secó las aguas del Jordán delante de vosotros, hasta que hubisteis pasado, de la manera que Jehová vuestro Dios lo había hecho en el mar Rojo, el cual él secó delante de nosotros hasta que pasamos.  Josué 4:21-23

Estos versículos del antiguo testamento refrescaron mi memoria, recordé lo mucho que Dios me ama y el milagro de haber conocido a una familia maravillosa, unos amigos que eran como mis hermanos, a una mujer maravillosa, mi Mamushca, que fue como una madre para mí. Es mi deber no olvidar esas experiencias. De alguna manera esta historia que hoy me anime a escribir, represente de alguna forma aquellas rocas que debieron cargar los del pueblo de Israel, para que yo recuerde los milagrosos acontecimientos de mi vida, aquellas experiencias que casi casi lo olvidaba.

LOS CADETES DE VARGAS LLOSA

La vida nos enseña de muchas maneras, y para mí, también lo hace a través de la literatura. Acabo de terminar de leer La ciudad y los perros...