jueves, 17 de septiembre de 2026

NO SOMOS UN NUMERO

Uno de los mejores ejemplos de, hacer convenios y perseverar, lo encontré en la novela de Víctor Hugo, Los miserables. Esta obra literaria es ambientada en Francia a inicios del siglo XIX, la situación económica y social en ese entonces estaban en su peor momento. Jean Valjean, era una persona dedicada a su familia y de caracter noble. Vivían sumidos en la extrema pobreza por la falta de empleo. Al escasear los alimentos, se ve forzado a robar pan para dar de comer a sus sobrinos. Y es que Jean Valjean estaba a cargo de su hermana y los pequeños. Fue la primera vez que delinquía. Esa novatada le costó caro. Fue retenido por la policía y recluido en una de las peores cárceles de Europa. El presidio de Toulón.

Hay personas que pueden acostumbrarse fácilmente a ciertos lugares y situaciones, pero Jean Valjean no era de esos. Aquel personaje de espíritu sensible sufría en extremo esa nueva vida en aquel “infierno en la tierra”. Trató de huir varias veces y en todas fue capturado, eso aumentó su condena. Al final estuvo diecinueve años internado en ese mundo… casi veinte años por robar pan.

Fue liberado con un pasaporte amarillo, en ese tiempo el que poseía un pasaporte amarillo era marginado por la sociedad. Situación sumamente desesperante, no le daban hospedaje a pesar que podia pagarlo, menos le daban trabajo. ese pasaporte era una marca que lo condenaba al rechazo de todo mundo. Además, Jean Valjean entre muchas cosas, tambien había perdido literalmente el nombre. Al entrar al presidio fue reconocido por un número, las cifras 2-4-6-0.

Permítanme hacer un paralelismo en esta historia. A veces en nuestras vidas, por muchas razones, perdemos el rumbo. Quizá al igual que Jean Valjean somos víctimas de nuestras decisiones. O tal vez por cuestiones inexplicables que no buscamos, terminamos viviendo una vida desafiante, totalmente diferente a como lo habíamos planeado.

 Después de su paso por Toulón, aquel joven inocente había sufrido una transformación, una degradación, Víctor Hugo lo describe a continuación:

… Jean Valjean estaba indignado y, además, la sociedad humana solo le había causado daño. Nunca le había visto más que ese rostro enojado al que llama su justicia y que les muestra a los que ésta castiga. Los hombres no lo habían tocado sino para magullarlo. Cualquier contacto con ellos había sido un golpe. Nunca, desde la infancia, desde su madre, desde su hermana, nunca se había encontrado con una palabra amiga y una mirada benévola. De sufrimiento en sufrimiento llegó poco a poco a la convicción de que la vida era una guerra y que en esa guerra el vencido era él. No tenía más arma que su odio. Decidió afilarlo en presidio y llevárselo consigo cuando se fuera. (Los miserables, volumen 1 página 109)

Al igual que Jean Valjean, alguna vez nos encontramos como perdidos, solos o con resentimiento a la vida. Entonces, la providencia que nunca nos deja solos, nos presenta otra oportunidad, una salida, unos ángeles con placa llamados misioneros.

Así es, por fortuna nuestra, conocimos a los elderes o a las hermanas, los escuchamos, aprendimos que no estamos solos, que Jesucristo nos ama con un amor inmenso. Que no importa lo que hiciéramos, ese amor no cambiaría, que podríamos obtener descanso en él.

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. (Mateo 11:28)

El ángel de Jean Valjean resultó ser un sacerdote de nombre Myriel. Un hombre dedicado a Dios, alguien que vio en aquel ex presidiario, un alma noble. Ese ministro de Dios, no lo rechazó, lo invitó a entrar en su morada, hizo traer la vajilla de plata para aquel visitante y compartió una cena deliciosa. Aquel sacerdote lo trató como un hijo de Dios.

Aquel individuo deshumanizado por la carcel, este ser identificado con el número 2-4-6-0-1, al final de la cena, ideó un plan para robar aquella vajilla de plata. Muy de madrugada consumó el delito y escapó con la platería. No llegó muy lejos y fue capturado por la policía. Llevaron al ladrón a la casa del obispo y este, lejos de acusarlo, obró tal y como Jesucristo lo hace diariamente con nosotros. El sacerdote perdona al ladrón y le dice a la policía que él, en efecto, había regalado la vajilla al muchacho. Los policías estaban confundidos, pero Jean Valjean lucía paralizado. Víctor Hugo relata esa escena como sigue:

…Jean Valjean estaba como un hombre que fuera a desmayarse. El obispo se le acercó y le dijo en voz baja: Que no se le olvide, que no se le olvide nunca, que ha prometido utilizar ese dinero en convertirse en un hombre honrado. Jean Valjean, hermano mío, ya no pertenece al mal, sino al bien. Le compro el alma, se la quito a las ideas negras y al espíritu de perdición y se la doy a Dios. (Los miserables, volumen 1 página 129)



Ahora recordemos el momento en el que entendimos del amor de Cristo, de que, a pesar de todo nuestro pasado, somos bendecidos y que no estamos solos. Es ahí que decidimos bautizarnos, hicimos un convenio con Dios. Que Dios perdonaría nuestros pecados. Que volveríamos a nacer y a recobrar nuestro nombre, aquel nombre por el que Cristo nos llama, que somos hijos del más alto Dios.

…Por tanto, haced las cosas que os he dicho que he visto que hará vuestro Señor y Redentor; porque por esta razón se me han mostrado, para que sepáis cuál es la puerta por la que debéis entrar. Porque la puerta por la cual debéis entrar es el arrepentimiento y el bautismo en el agua; y entonces viene una remisión de vuestros pecados por fuego y por el Espíritu Santo. (2Nefi 31:17)

En mi caso, yo hice ese convenio a los diez años y usualmente olvido los detalles de mi bautismo. Afortunadamente, guardo muchos recuerdos que certifican mi convenio. Momentos espirituales, mi tiempo en la misión, los milagros en muchos pasajes de mi vida, etc. Cuando paso por momentos desafiantes, mi técnica es regresar mentalmente en el tiempo a esos momentos especiales. Ahí encuentro paz y fuerzas para seguir.

La conversión del expresidiario 2-4-6-0-1, también fue especial, la novela lo relata de esta manera:

…Jean Valjean estuvo llorando mucho rato. lloró a lágrima viva. Sollozó, más débil que una mujer, más asustado que un niño. Mientras lloraba, cada vez era mayor el albor en la mente. Un albor extraordinario, un albor arrebatador y terrible a la vez: su vida pasada, su primera falta, su larga expiación, su endurecimiento externo, su liberación, que se alegró con tantos planes de venganza, lo sucedido en la casa del obispo, […]. Todo le recordó y todo se le apareció con claridad, pero con una claridad que nunca había visto hasta entonces. Miró su vida y le pareció horrible, se miró el alma y le pareció espantosa. No obstante, caía sobre aquella vida y sobre aquella alma una claridad suave. […]. ¿Cuántas horas pasó llorando así? ¿Qué hizo tras aquel llanto? ¿Dónde fue? No se ha sabido nunca. Sólo parece probado que esa misma noche, un trajinante que cubría a la sazón el servicio de sereno […] a eso de las dos de la madrugada vio al cruzar la calle del obispado a un hombre en actitud de orar, de rodillas en los adoquines, delante de la puerta de Monseñor Miryel. (Los miserables, volumen 1 pagina 137)



Ese, a mi criterio, fue el momento de la conversión de Jean Valjean, y la vajilla de plata y los candelabros del mismo material, aquellos que le regaló el sacerdote, representaron el convenio. Aquel convenio que siempre guardó, aquel pacto que se esforzó por cumplir hasta el ultimo día de su vida.

…Y todos clamaron a una voz, diciendo: Sí, creemos todas las palabras que nos has hablado; y, además, sabemos de su certeza y verdad por el Espíritu del Señor Omnipotente, el cual ha efectuado un potente cambio en nosotros, o sea, en nuestros corazones, por lo que ya no tenemos más disposición a obrar mal, sino a hacer lo bueno continuamente. (Mosiah 5:2)

Sin embargo, no somos perfectos, vamos a caer y a fallar. Sigamos el consejo de las escrituras, levantémonos, o como dice Pablo a los romanos:

…Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza. (Romanos 5: 3-4)

Para concluir:

Jean Valjean se convirtió y perseveró hasta el fin, en su antigua vida era reconocido por un número; pero el sacerdote lo conocía como un hijo de Dios. Al cumplir y perseverar en sus convenios, cambio su vida y la de mucha gente. Nosotros tampoco somos un número, somos hijos de Dios y él nos conoce a cada uno por nuestro nombre. No basta con hacer convenios; debemos perseverar en ellos. Y cuando caemos, no significa que el convenio haya fracasado: significa que debemos levantarnos y continuar; de esta forma podremos gozar de las bendiciones prometidas; de la vida eterna.

lunes, 31 de agosto de 2026

LOS PAPELES QUE REPRESENTAMOS


Setiembre es primavera, mes de las de flores y su variedad de colores, hoy el cielo totalmente despejado de un color azul serrano. La ciudad del Cusco está rodeada por cerros que en esta época del año se visten de verde intenso. Salir a trotar en este tiempo es casi una obligación para los que amamos el running. La última vez que salí a trotar fue a mediados de junio, en ese entonces la temperatura era muy baja, sobre todo en las mañanas, me enfermé tanto que tuve que sacar cita con el médico. Ahora es diferente, la temperatura es ideal para salir a trotar así que me preparé con anticipación para empezar el mes haciendo un poco de deporte.

Debía alistar una noche antes todos mis implementos, un gorro, una bandana que me cubre la boca y la nariz. Puse a cargar el reloj que uso cuando salgo a trotar, estaba sin baterías. Sí, aquel reloj que mandé a traer de USA y me costó un ojo de la cara, el mismo que mide mi velocidad, el ritmo cardiaco, entre otras cosas. Y es que, para mí, salir a trotar es todo un acontecimiento.

Me desperté temprano, hice ejercicios de calentamiento unos minutos y salí con rumbo al monumento del cóndor. Mi ruta es bastante segura y conocida, hay mucha gente que sale a trotar por la berma central de la avenida de la cultura, en ambos extremos de la vía peatonal se aprecian las áreas verdes donde están los árboles acompañando todo el trayecto.

El aire fresco y la música escogida especialmente para estos fines, complementaban este tiempo agradable. Todo parecía igual, aunque había algo que llamó mi atención. Casi siempre en mis recorridos, por la mismo circuito donde corría, veía a un muchacho con evidentes síntomas de trastornos mentales, tendría unos 25 años y mayormente caminaba desnudo. Algunas veces andaba vestido, pero siempre andaba descalzo. En alguna ocasión lo vi con el cabello corto, aparentemente había gente que cuidaba de él. En fin, ese muchacho no parecía peligroso. De hecho, daba la impresión que vivía en su propio mundo, tenía su mirada perdida cuando caminaba. Ojalá este bien aquel joven lamanita (así lo llamaba por su desnudez), espero que el frio intenso de junio no lo haya enfermado. Para ser honesto es la primera vez que me preocupo por él, total, no es la primera persona de esas características que veo. Hace varios meses ya vi a otro hombre, también desnudo, pero este si era agresivo, caminaba por en medio de la calle golpeando autos.  

Hace un par de años mientras corría, vi a otra persona de más o menos sesenta años, él estaba cargando una canasta de panes. Aquel individuo tenía una deformidad en la espalda y en ambos pies. Básicamente se arrastraba y los zapatos estaban fuera de los pies, los pasadores estaban amarrados a los tobillos. Cuando lo vi, quise mostrarme indiferente, pero fue imposible. Me di la vuelta y me acerqué a él, intenté ponerle correctamente los zapatos, pero la deformidad de sus pies no me lo permitía. Le ayudé a cruzar la avenida y cargué la canasta un par de cuadras. Llegamos a un local donde él debía entregar la canasta con los panes.

Estos tres personajes ahora dan vueltas en mi cabeza. Hay tanta desigualdad en el mundo, algunos de estos indigentes no se dan cuenta de sus circunstancias, otros siguen adelante mostrando resiliencia y dándonos ejemplo de vida. Por lo general no siempre soy aquel buen samaritano que esta buscando oportunidades de ayudar, podría decir que la mayoría de las veces soy ciego ante estos hechos, quizá sea porque yo también tengo desafíos y preocupaciones que nublan mi mente en mi andar por las calles.

 Lo que ahora me hace reflexionar es mi última lectura, Miguel Ángel Asturias y su Obra Señor presidente. En esta maravillosa obra, el autor nos presenta al “Pelele”, este personaje es un indigente con evidentes alteraciones mentales. Así como los ejemplos reales que yo experimenté las veces que salí a trotar, el Pelele vivía en la calle. La mayoría de la gente lo ignoraba, adicionalmente otros indigentes como él, hacían burla y escarnio de su condición.

…Contado por los mendigos, se regó entre la gente del pueblo que el Pelele se enloquecía al oír hablar de su madre. Calles, plazas, atrios y mercados recorría el infeliz en su afán de escapar al populacho que, por aquí, que, por allá, les gritaban a todas horas, como maldición del cielo, la palabra madre.

Cuantas veces, y es una reflexión intima, no solamente somos indolentes ante personas que tienen condiciones semejantes, sino que también colaboramos a que su padecimiento se vea incrementado. Y es que, es nuestra naturaleza egocéntrica que hace que no veamos más allá de nosotros. Una vocecilla en mi mente pareciera responder a esta reflexión: “Es que yo también tengo problemas, además algunas veces ayudo”.

El pasado pareciera recordarme, pues en alguna forma y en ciertas situaciones, nosotros también somos el “Pelele” para a otros. No somos una moneda de oro para caer bien a todo el mundo. Entonces, quizá se burlen de nosotros, puede que nos hieran con comentarios malintencionados. Nosotros, a los ojos de ellos, desperdiciamos nuestra vida, porque no tenemos un trabajo ni la posición económica que ellos tienen, porque académicamente no conseguimos logros representativos, etc. Por todo esto, a sus ojos, nosotros representamos al “idiota”

El reloj me advertía que ya estaba en el kilómetro tres de mi recorrido, las piernas se sentían más pesadas. La respiración se me dificultaba un poco. Era obvio, son las consecuencias de salir a correr después de varios meses. Ahora  tenía que bajar el ritmo, podría lesionarme. De pronto una nueva canción sonaba en mis audífonos; era Dancing With Myself de Billy Idol. ¿Cómo poder bajar el ritmo con esa canción?,  nuevamente mejoré un poquito la velocidad y volví a correr, esta ves al ritmo de la música. Poco después mis pensamientos me regresaron al Pelele y Cara de Angel del Señor Presidente.

En la obra de Asturias se menciona un evento trascendental que pondría al Pelele a actuar agresivamente. El causante fue un policía de alto rango que pasaba por la calle donde pernoctaban los indigentes, aquel hombre sabía de las burlas al Pelele y también abusaba de su autoridad.

…El policía se detuvo — la risa le entorchaba la cara —, acercóse al idiota de un puntapié y, en son de broma, le gritó: — ¡Madre!

No dijo más. Arrancado del suelo por el grito, el Pelele se le fue encima y, sin darle tiempo a que hiciera uso de sus armas, le enterró los dedos en los ojos, le hizo pedazos la nariz a dentelladas y le golpeó las partes con las rodillas hasta dejarlo inerte.

Los mendigos cerraron los ojos horrorizados, la lechuza volvió a pasar y el Pelele escapó por las calles en tinieblas enloquecido bajo la acción de espantoso paroxismo.

Cuenta la novela que el Pelele corrió por las calles, escapando de los ruidos y los ladridos de los perros. No estaba asustado por el crimen que había cometido, mas bien escapaba del dolor, de aquellos acosadores. En su huida, cansado y de hambre, parecía que su fin había llegado. Cayó como muerto en una esquina donde la gente acopiaba la basura, en aquel basural esperaba la muerte. Después de algún tiempo un hombre que pasaba por ahí vio el cuerpo del Pelele, parecía cadáver y al cerciorarse que aun respiraba, quiso ayudarlo. Otro hombre que también pasaba por ahí, se percató de la escena y se acercó. Era un hombre alto y se notaba que era de una clase social alta, se condolió del Pelele y dejó dinero para tratar sus heridas y alimentación. Aquel hombre después de hacer su labor samaritana se alejó de la escena y no lo volvieron a ver. Mas adelante volveremos a saber del nombre de este “bondadoso” personaje, lo apodaban el “Cara de ángel”.

En algunos momentos de mi vida, quizá yo también pude ser un “cara de ángel”, Entonces, a los largo de nuestra existencia terrenal, podemos interpretar múltiples papeles. Sí, a veces somos actores inconscientes.

Volviendo a la historia del Pelele, este crimen había sido muy sonado en la ciudad, el muerto era un hombre muy cercano al presidente, aquel presidente autoritario y sanguinario. Este presidente utilizó la muerte de su amigo para inculpar a un opositor al régimen. Entonces para que su plan resulte, tenía que desaparecer al Pelele.

La policía secreta busca incesantemente al Pelele para matarlo, finalmente logran encontrar al desdichado, y el final de aquel personaje, nos deja una reflexión muy profunda:

…El idiota se quejaba quedito y recio como un perro herido. Un alarido desgarró la noche. Vásquez (de la policía secreta), a quien el Pelele vio acercarse con la pistola en la mano, lo arrastraba de la pierna quebrada hacia las gradas que caían a la esquina del Palacio Arzobispal. Rodas asistía a la escena, sin movimiento, con el resuello espeso, empapado en sudor. Al primer disparo el Pelele se desplomó por el graderío de piedra. Otro disparo puso fin a la obra. [ …] Y nadie vio nada, pero en una de las ventanas del Palacio Arzobispal, los ojos de un santo ayudaban a bien morir al infortunado y en el momento en que su cuerpo rodaba por las gradas, su mano con esposa de amatista, le absolvía abriéndole el Reino de Dios.



Este muchacho terminaba su existencia en este plano y ahora estaba siendo recibido en el reino de Dios.

Para la gente como yo, que cree en el todopoderoso y en su filosofía, anhelamos una vida en su reino. El Pelele lo había logrado. Una vida de carencias, una vida de dolor físico y emocional, terminaba con la muerte. Entonces, siguiendo este razonamiento, la muerte, no debería ser vista con miedo ni estupor. Aunque el autor no lo menciona directamente, la muerte podría representar la salvación de nuestros dolores y pesares. Para ser honesto, yo le tengo miedo a la muerte, sobre todo cuando imagino una muerte con sufrimiento. Tengo miedo a la muerte de un ser querido. A pesar que soy consiente que todos moriremos, aun no estoy preparado para este acontecimiento. Entonces, esta historia del Pelele nos enseña que podemos encontrar calma en Dios, las escrituras mencionan en un pasaje lo siguiente:

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Mateo 11:28

No podremos soportar solos las cargas propias de nuestra existencia, los desafíos laborales, las enfermedades y sobre todo nuestros temores. Dejemos que Dios lleve nuestros pesares, y para eso necesitamos creer que El puede hacernos descansar.

En el libro de Apocalipsis 14:13 dice:

Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor… descansarán de sus trabajos…

La vida del joven desnudo lamanita, aquel que caminaba mientras yo corría, la vida del Pelele, mi vida misma, tienen un parecido. Todos estamos aquí y enfrentaremos desafíos, y en algún momento enfrentaremos la muerte.

Siguiente reflexión, Mas adelante en la novela, encontramos que el “bondadoso” Cara de Ángel, es miembro del circulo cercano del presidente, por lo tanto, sirve a un régimen profundamente cruel, aunque es capaz de sentir afecto y mostrar cierta conciencia moral, también, ejecuta las ordenes crueles del presidente, convirtiéndose en cómplice de las atrocidades del régimen.

¿Es sostenible estar en medio de dos posiciones tan opuestas? Puede que, en la vida real, actuemos como el Cara de Ángel, acomodando nuestro comportamiento a nuestra conveniencia, pero eso también representa un desgaste de energía. No definir una personalidad puede jugar, a la larga, en nuestra contra.

En el libro del apocalipsis dice:

Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.

Para concluir, mi reloj marcaba el kilómetro cinco de mi recorrido, el monumento al cóndor sería parte de una foto en recuerdo de esta salida temprana de trotar en setiembre. Me sentía saludable y decidido a escribir sobre esta experiencia. Que el Pelele es un ejemplo del sufrimiento del ser humano, que en algún sentido todos podemos ser, en algún momento de nuestra existencia, el pelele para alguien. También podemos tomar el papel del policía autoritario y ejercer injusto dominio al semejante. Pero quizá lo mas preocupante es que también actuamos como Cara de Ángel, no tomando una posición firme y nos comportamos según nuestra conveniencia.


Salí a correr para limpiar mi cuerpo del sedentarismo y terminé limpiando, aunque fuera un poco, mi manera de mirar a los demás. 


martes, 18 de agosto de 2026

NO ABANDONEMOS NUESTRA PROPIA MISERICORDIA



Hace algunos dias me invitaron a  hablar en la reunion sacramental de mi barrio; la única condicion era que tenía que basarme en un discurso de la última conferencia general. Al repasar los discursos no fue facil escoger un tema pues que todos eran importantes para mi. El Elder Matthew S. Holland dió un discurso muy bueno titulado: No abandonen su propia misericordia; en estos momentos de mi vida, este discurso tuvo un gran impacto en mi, asi que decidí escribir sobre este discurso.

Todos estamos familiarizados con la historia de Jonás y como fue tragado por un pez y todo lo demás. Sin embargo, este relato bíblico me hizo ver al profeta Jonás de una manera más humana, mas como nosotros. A pesar de que Jonás fue llamado como profeta de Dios, el actuó como humano, demostrando que no importa la posicion economica o social que tengamos, todos podemos caer, todos pasamos por aflicciones. Y que muchas veces estas caidas, son causadas por nosotros mismos. Recordemos la transgresión de nuestros primeros padres, Adán y Eva, que fueron expulsados del jardín de Edén, originando la caída. Así como ellos y como Jonás, la historia también nos enseña que, así como caemos, también podemos levantarnos. Que es natural el sentimiento de angustia, que es saludable validar nuestros sentimientos de dolor. Pero que no es correcto ni aceptable que nosotros seamos nuestros más duros inquisidores. Que siempre habrá una luz al final del túnel; y que usemos la experiencia de nuestras caídas para nuestro beneficio. Que debamos esperar en la misericordia de Jesucristo, pero también que debamos tener misericordia por nosotros mismos.

El Elder Matthew Holland dijo:

Un testimonio de la Caída no excusa el pecado ni un enfoque descuidado de los deberes de la vida, los cuales siempre requieren diligencia, virtud y responsabilidad. Sin embargo, debería atenuar nuestras frustraciones cuando las cosas simplemente van mal o cuando vemos una falla moral en un familiar, un amigo o un líder. Con demasiada frecuencia, cosas como esas nos hacen centrarnos en la crítica contenciosa o el resentimiento que nos roba nuestra fe, pero un firme testimonio de la Caída puede ayudarnos a ser más como Dios, tal como lo describe Jonás, es decir, “piadoso[s], tardo[s] en enojar[nos] y de gran misericordia” con todos, incluso con nosotros mismos, en nuestro estado inevitablemente imperfecto.

Permítanme resaltar algunos momentos claves de la historia de Jonás y luego hacer un paralelismo en cuanto a nuestras propias vidas.

Primero: Jehová le dio un mandamiento a Jonás, capítulos 1 al 4

Levántate, ve a Nínive, la gran ciudad, y clama contra ella, porque su maldad ha subido delante de mí.

Pero Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis, y descendió a Jope y halló una nave que partía para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehová.

Al igual que al profeta Jonás, Dios nos da mandamientos, nosotros prometimos cumplirlos, pero debido nuestra naturaleza mortal, algunas veces tomamos un camino opuesto al que nos comprometimos con Nuestro Padre Celestial.

Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia mediante la redención que es en Cristo Jesús. (Romanos 3:23)

Entonces, la escritura dice que:

Pero Jehová hizo levantar un gran viento en el mar, y hubo una tempestad tan grande en el mar que se pensó que se partiría la nave.

Y los marineros tuvieron miedo, y cada uno clamaba a su dios; y echaron al mar los enseres que había en la nave, para aligerarla. Pero Jonás había bajado al interior de la nave, y se había acostado y dormía profundamente.

Cuando deliberadamente tomamos un camino diferente al que hacemos con nuestros convenios, entramos en una especie de sueño profundo. Lo malo que este sueño usualmente se convierte en una pesadilla. Lamentablemente, así como los marineros que estaban en el barco, nuestras malas decisiones también afectan a los que nos rodean. Hacemos sufrir a los que más amamos y estamos tan dormidos que no nos percatamos de esto.

Entonces, haciendo un análisis personal de mi vida, cada vez que yo tome malas decisiones, cada vez que deliberadamente cedí a mis pasiones y vanidades, pude sentir ese amargo sentimiento, aquel sueño pesado y oscuro del cual daría todo por despertar.

Y aquí va el primer paso que hizo y debemos imitar.

Y Jonás les respondió: Soy hebreo y temo a Jehová, Dios de los cielos, que hizo el mar y la tierra.

En esos momentos difíciles, a veces olvidamos que somos hijos de un Padre Celestial, y que Dios siempre estará dispuesto a ayudarnos, no importa cuántas veces caigamos, Dios nos ama y nos ayudará. En ese sentido debemos recordar quienes somos y cuál es nuestra relación con nuestro creador. Soy miembro de la iglesia de Dios e hice convenios, si, con el creador de todo.

Segundo:

Y le dijeron: ¿Qué haremos contigo para que el mar se nos aquiete? Porque el mar se iba embraveciendo más y más.

Y él les respondió: Tomadme y echadme al mar, y el mar se os aquietará, porque yo sé que por mi causa ha venido esta gran tempestad sobre vosotros.

Jonás reconoció su falta y también estuvo dispuesto en aceptar las consecuencias de sus actos. Lo echaron al mar y la escritura dice que un pez gigante se lo trago.

Como dijo el presidente Hinckley: Tenemos la libertad para tomar nuestras decisiones, pero no olvidemos que también deberemos asumir las consecuencias de nuestros actos.

El clamor de Jonás es el de un buen hombre que atraviesa una crisis de la que es, en gran medida, responsable. Para un santo de los últimos días, cuando una catástrofe es fruto de un hábito, un comentario o una decisión lamentables —a pesar de tantas otras buenas intenciones y de esfuerzos sinceros de rectitud— puede ser especialmente devastador y lo deja sintiéndose abandonado. No obstante, la causa o el grado de desastre que enfrentemos, siempre hay tierra firme para la esperanza, la sanación y la felicidad.

Tercero:

Entonces oró Jonás desde el vientre del pez a Jehová, su Dios,

y dijo: Clamé en mi angustia a Jehová, y él me oyó; desde el seno del Seol clamé, y mi voz oíste.

Me echaste a lo profundo, en medio de los mares, y me rodeó la corriente; todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí.



Particularmente y no estoy orgulloso de mencionarlo, varias veces me he sentido así de miserable como Jonás. Los problemas me agobiaron tanto que me encontré en situaciones donde avergonzado y con mucho dolor, me arrodillaba en oración al Padre suplicando por su consuelo, rogando para que me libere del sufrimiento del que yo mismo había sido el causante.

Las aguas me rodearon hasta el alma; me rodeó el abismo; las algas se enredaron en mi cabeza.

Así como el profeta, tuvo que sufrir las consecuencias de sus decisiones, el relato nos cuenta que por algún tiempo el sufrió y que no esperemos que el dolor pase inmediatamente. En todo ese momento debemos tener la valentía y resiliencia de que todo pasa, que en algún momento estaremos en una mejor situación. Mientras tanto, tenemos que seguir orando y pidiendo por fortaleza, debemos seguir los pasos del arrepentimiento.

Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová; y mi oración llegó hasta ti, hasta tu santo templo.

Los que siguen vanidades ilusorias su propia misericordia abandonan.

Pero yo, con voz de alabanza, te ofreceré sacrificios; cumpliré lo que prometí. La salvación pertenece a Jehová.

Y mandó Jehová al pez, y este vomitó a Jonás en tierra.

Para cualquiera que hoy sienta lo que yo sentí entonces —que ha sido desechado, hundiéndose en las aguas más profundas, con algas enredadas en la cabeza y montes oceánicas rompiendo a su alrededor—, mi ruego, inspirado por Jonás, es que no abandonen su propia misericordia. Ustedes tienen acceso inmediato a la ayuda y a la sanación divinas a pesar de sus defectos humanos. Esta asombrosa misericordia viene por medio de Jesucristo. Dado que Él los conoce y los ama de manera perfecta, se la ofrece como si fuera “propia” de ustedes, lo que significa que se adapta perfectamente a ustedes, pues está diseñada para aliviar sus agonías individuales y sanar sus dolores particulares. Así que, por el amor de Dios y el suyo, no le den la espalda y acéptenla.

Para concluir, comencemos por negarnos a escuchar las “vanidades ilusorias” del adversario, que nos tentaran para que pensemos que el alivio se encuentra al alejarnos de nuestras responsabilidades espirituales. En vez de ello, sigamos el ejemplo del contrito Jonás. Clamemos a Dios. Volvámonos hacia el templo. Aferrémonos a los convenios que hicimos. Sírvanos al Señor, a Su Iglesia y al prójimo con sacrificio y acción de gracias.

En el nombre de Jesucristo, Amen.

ENTRE EL ALEPH Y LA PACHAMAMA

Es el mes de agosto y el clima está medio loco, la gente dice que son las cabañuelas y por eso llueve, por lo general en esta época del año los vientos son mas fuertes y el clima seco hace que aumenten los incendios forestales. Se me ocurrió escribir a Luz, una amiga que conocí en las clases de la universidad. ¿Por dónde andará Luz?... pensé.

Lo último que supe de ella es que estaba trabajando en Inglaterra. No tengo muchos detalles de lo que hace, lo principal es que labora para una transnacional que cuida el medio ambiente. Luz respondió a mi mensaje, me escribió que estaba ocupada y que me llamaría después. Así lo hizo, me comentó que ahora estaba en Brasil, Estado de Acre, trabajando ya varios meses, que no estaba sola ya que en su equipo tenía a varios paisanos. En fin, hablamos de muchas cosas, sobre todo de una experiencia que ella tuvo hace un par de años cuando decidió hacer una sesión con Ayahuasca. A pesar que había pasado tanto tiempo, me contó con lujo de detalles, aquella vez que ella y un amigo (colega de profesión), decidieron tener esa experiencia en el valle sagrado de los incas.

Particularmente yo no demuestro interés en ese tipo de actividades, pero después de leer el Aleph de Borges, de repente ahora yo sentía la necesidad de saber a profundidad aquella experiencia de Luz y su amigo.

Me contó que se prepararon con días de anticipación, esa preparación incluía el acondicionamiento físico (alimentación), y una buena disposición emocional. Había en aquel lugar una persona, un curandero, también llamado “maicha” o chamán, que les dirigía. Llegaron a una especie campamento de retiro espiritual donde había camas para todos aquellos que estaban participando del ritual. Les dieron a beber de una pócima de un sabor desagradable y luego les pidieron que se recuesten en sus repectivas camas. Mientras tanto, el curandero tocaba un instrumento de viento (quena). De ahí en adelante cada uno experimentaría visiones. El chamán les había advertido que, si todo resultaba como se habia planeado, incluso experimentarian en sus visiones encuentros con sus propios demonios, que los deberían enfrentar, que podrían vencerlos pues la madre tierra, Pachamama, los protegería, siempre y cuando se entreguen y confien en ella.

No es mi intención relatar lo que Luz y su amigo vieron en detalle, lo que si quiero resaltar son algunos puntos interesantes de aquellos sucesos. Primeramente, tanto para Luz y su amigo, estas fueron experiencias totalmente opuestas, Luz me comentó que no volvería a repetir el ritual de ayahuasca por que vivió una mala experiencia tanto física (vómitos) como emocional. Sin embargo, para el amigo de Luz, la experiencia fue totalmente opuesta.

Luz, luchaba por tener el control de la situación mientras estaba en ese estado de inconciencia. Vio muchas cosas enigmáticas para este mundo, algunos sucesos agradables, aunque también muchos desagradables. Quizá lo más resaltante en un momento de la visión fue que creyó ver a una mujer que hablaba con otros seres, y esta mujer le decía a aquella muchedumbre que dejen a Luz tranquila, que ella no deseaba seguir aquel viaje. Por otro lado, el amigo de Luz, pasaba una experiencia sobre todo relajante. Este contraste frente a un mismo evento me animó a compararlo con la fantástica historia del cuento de Borges. Así es, me pareció atrayente la cantidad de paralelismos en ambas historias.



En el Aleph de Borges encontramos al personaje principal que es representado por Borges y a su colega de profesión (escritor), Carlos Argentino. Entre ambos había una cierta tensión que pudieron manejar, al parecer celos profesionales. Carlos contaba que había descubierto en el sótano de su casa el Aleph, que era algo que no se podía describir con palabras pero que era sobrenatural y maravilloso. Antes de que destruyeran la casa quería que Borges también conociera y viva esa experiencia.

Aquí viene la primera similitud. Luz fue persuadida por su amigo a tener la experiencia del Ayahuasca, él ya había tenido experiencia previa y sentía que Luz disfrutaría, así como el, aquella aventura espiritual.

Volviendo al momento en que Carlos invitó a Borges a bajar al sótano, él dijo:

Una copita del seudocoñac -ordenó- y te zampuzaras en el sótano. Ya sabes, el decúbito dorsal es indispensable. También lo son la oscuridad, la inmovilidad, cierta acomodación ocular. Te acuestas en el piso de baldosas y fijas los ojos en el decimonono escalón de la pertinente escalera… a los pocos minutos ves el Aleph.

Es necesario aclarar que en la obra El Aleph, Borges nunca afirmó que el Aleph fue fruto de una alucinación causada por el coñac. Astutamente el autor deja detalles como la bebida alcohólica previa, para que nosotros, los lectores le demos nuestra propia interpretación. En este caso, yo deseo darle esa interpretación antojadiza.

Así que, Carlos estaba dándole una especie de curso de inducción a Borges previos a esta experiencia sobrenatural. Tal y como el chamán lo hizo con Luz y su amigo.

Carlos deja esta advertencia a Borges:

Claro está que, si no lo ves, tu incapacidad no invalida mi testimonio.

Borges nos da una descripción detallada de aquel encuentro con el Aleph en el siguiente párrafo:

…Cumplí con sus ridículos requisitos; al fin se fue. Cerró cautelosamente la trampa; la oscuridad, pese a una hendija que después distinguí, pudo parecerme total. Súbitamente comprendí mi peligro: me había dejado soterrar por un loco, luego de tomar un veneno. Las bravatas de Carlos transparentaban el íntimo terror de que yo no viera el prodigio; Carlos, para defender su delirio, para no saber que estaba loco, tenía que matarme. Sentí un confuso malestar, que traté de atribuir a la rigidez, y no a la operación de un narcótico. Cerré los ojos, los abrí. Entonces vi el Aleph.

 

Me parece genial el paralelismo en ambas historias, la del Aleph, si bien es cierto una historia ficticia ambientada y escrita en 1940, y la de luz, una historia real desarrollada post pandemia (2024). La preparación fue necesaria para poder tener el privilegio de ese encuentro místico.

Ya traté de contar un poco el como fue la experiencia de Luz con la ayahuasca, en el siguiente párrafo va detallada la experiencia de Borges con el Aleph:

En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, [...], vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer en el pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, [...] vi la noche y el día contemporáneo,[...], vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplican sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osatura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, [...], vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, [...], vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi oscura sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo. Sentí infinita veneración, infinita lástima.



No hubiera podido escribir o expresar lo que Borges experimentó, es por eso que lo escribo tal y como esta en el cuento. Que maravillosa experiencia, solo trato de imaginarme ambos testimonios y mi mente viaja sin control a lo que ellos pudieron ver y experimentar.

Borges nos cuenta que vio cosas maravillosas, pero también pudo descubrir otras muy dolorosas, como el que su amada Beatriz había tenido un romance con Carlos Argentino. Eso también lo vio, y el cuento dice que fue desgarrador para Borges. En síntesis, conocer los misterios del universo, entrar en ese mundo cósmico, podría significar un suceso en el cual no tenemos el control.

Tanto para Borges como para Luz, aquella fue una experiencia fantástica aunque tambien dolorosa que quizá no repetirán jamás. Pero para Carlos y el amigo de Luz se tornó en algo deseable que podrían experimentar varias veces.

Aquí va una reflexión: Conocer los misterios del universo, entrar en ese mundo cósmico, podría tornarse doloroso e indeseable porque no escogemos lo que vamos a ver. Ahora, si Luz, su amigo, Borges y Carlos Argentino, pudieron o creyeron ver el Aleph. ¿Existirá para el resto de nosotros algo llamado Aleph?

Borges, debido a su mala experiencia, determinó que ese era un Aleph falso, que debía existir uno verdadero, un Aleph que fuera perfecto. Quizá Luz también este deseosa de intentar nuevamente una experiencia similar, siempre y cuando no sea tan traumática como con la ayahuasca. Entonces, como dice Borges en su último párrafo:

¿Existe ese Aleph en lo íntimo de una piedra? ¿Lo he visto cuando vi todas las cosas y lo he olvidado? Nuestra mente es porosa para el olvido; yo mismo estoy falseando y perdiendo, bajo la trágica erosión de los años, los rasgos de Beatriz.

Concuerdo con Borges en que nuestra mente es porosa para el olvido, quizá vimos el Aleph y lo olvidamos. Ese encuentro con lo maravilloso y espectacular a veces pasa en momentos muy cortos y simples. Como un sueño, un paisaje hermoso, al finalizar un libro y no entender el porqué de tus lágrimas, cuando te mira tiernamente el amor de tu vida, en el abrazo tierno que te da tu hijo, etc.

 

 

  

jueves, 13 de agosto de 2026

TZINACAN: CUANDO CONOCER A DIOS TRANSFORMA AL HOMBRE



Este cuento tiene como autor al escritor argentino Jorge Luis Borges, la obra se titula:   LA ESCRITURA DEL DIOS. Borges nos remonta a la civilización Maya, en ese contexto nos presenta a un sacerdote importante, su nombre Tzinacán, este sacerdote comparte su testimonio de cómo llegó a un nivel espiritual elevado, estando privado de su libertad y constantemente torturado.

Para las culturas precolombinas, un sacerdote era la conexión entre el mundo espiritual y el terrenal, estos personajes conocían a las deidades y el significado de cada una de ellas, estos sacerdotes eran los guías espirituales del pueblo. En la cultura Inca al igual que la Maya, el sacerdote principal era el Willaq Umu. Entre algunas de las deidades del imperio incaico tenemos: el sol, la luna, la serpiente, el puma, etc. De hecho, la ciudad del Cusco en tiempos del imperio Inca, estaba representado por una forma de puma. Probablemente es por eso que este cuento llamó mucho mi atención. El autor construye un fantastico relato, apoyandose en estos relatos historicos.

Volviendo al relato de Borges y Tzinacán. Los españoles habían llegado a América y penetrado la civilizacion Maya. Estos colonizadores sedientos de oro y plata, obligaron a sus lideres a que les digan donde estaban ocultos los tesoros. Para civilizaciones como la Maya e Inca, el oro representaba un valor religioso más que comercial. Es así que dedujeron que los sacerdotes deberían saber donde estaban ocultos el oro y la plata. 

Este es el relato de Tzinacán:

…La víspera del incendio de la Pirámide, los hombres que bajaron de altos caballos me castigaron con metales ardientes para que revelara el lugar de un tesoro escondido. Abatieron, delante de mis ojos, el ídolo del dios, pero éste no me abandonó y me mantuve silencioso entre los tormentos. Me laceraron, me rompieron, me deformaron y luego desperté en esta cárcel, que ya no dejaré en mi vida mortal. (Borges, 1949)

Tzinacán fue puesto en una prisión, pero también tenía como vecino de celda a un Jaguar. ¿Por qué los españoles encerrarían al sacerdote junto con un jaguar? Quizá podamos responder esta pregunta más adelante, por ahora sigamos analizando a este sacerdote que estaba soportando estoicamente las torturas, sabiendo que quizá no saldría de esa prisión. Cualquiera que se encuentre en una situación parecida podría sucumbir y desear morir, pero aquel sacerdote hizo lo que muy pocos hacen.

…Urgido por la fatalidad de hacer algo, de poblar de algún modo el tiempo, quise recordar, en mi sombra, todo lo que sabía. Noches enteras malgasté en recordar el orden y el número de unas serpientes de piedra o la forma de un árbol medicinal. Así fui debelando los años, así fui entrando en posesión de lo que ya era mío. (Borges, 1949)

Tzinacán ocupó su mente, se puso a trabajar en sus recuerdos, en todo lo que había aprendido de sus deidades y en lo que había enseñado a su pueblo. Ahora era ocasión propicia para ejercer la fe en lo que creía, sus dioses, sus plantas medicinales, etc. No todo estaba perdido, él estaba tomando control de sus emociones y lo que ahora era su vida.

Al principio del relato hice mención que Tzinacán había sido encarcelado y en la celda contigua había un Jaguar. Esta quizá es una representación de lo que los españoles quisieron hacer con las deidades de las civilizaciones de esta parte del mundo. Trajeron la religión y trataron de desaparecer las creencias locales. Para Borges, encerrar al jaguar junto con Tzinacán, podria haber tenido ese fin. Ahora, es justamente eso lo que fortaleció a Tzinacán. Al tener cerca a una deidad que él consideraba fundamental en su vida espiritual, se dedicó a estudiar a aquel felino de una forma muy detallada.

…Entonces mi alma se llenó de piedad. Imaginé la primera mañana del tiempo, imaginé a mi dios confiando el mensaje a la piel viva de los jaguares, que se amarían y se engendrarían sin fin, en cavernas, en cañaverales, en islas, para que los últimos hombres lo recibieran. Imaginé esa red de tigres, ese caliente laberinto de tigres, dando horror a los prados y a los rebaños para conservar un dibujo. En la otra celda había un jaguar; en su vecindad percibí una confirmación de mi conjetura y un secreto favor.

Dediqué largos años a aprender el orden y la configuración de las manchas. Cada ciega jornada me concedía un instante de luz, y así pude fijar en la mente las negras formas que tachaban el pelaje amarillo. Algunas incluían puntos; otras formaban rayas trasversales en la cara interior de las piernas; otras, anulares, se repetían. Acaso eran un mismo sonido o una misma palabra. Muchas tenían bordes rojos. (Borges, 1949)

Cuenta el relato que el sacerdote se puso a estudiar las manchas del jaguar, y que, de esta manera, en algún momento llegar a descubrir la escritura de dios. Pasaron muchos años de estudio, su único fin era que al recibir ese conocimiento poder vengarse de sus captores los españoles. 

…Ahí estaban las causas y los efectos y me bastaba ver esa Rueda para entenderlo todo, sin fin. ¡Oh dicha de entender, mayor que la de imaginar o la de sentir! Vi el universo y vi los íntimos designios del universo. Vi los orígenes que narra el Libro del Común. Vi las montañas que surgieron del agua, vi los primeros hombres de palo, vi las tinajas que se volvieron contra los hombres, vi los perros que les destrocaron las caras. Vi el dios sin cara que hay detrás de los dioses. Vi infinitos procesos que formaban una sola felicidad y, entendiéndolo todo, alcancé también a entender la escritura del tigre.

Es una fórmula de catorce palabras casuales (que parecen casuales) y me bastaría decirla en voz alta para ser todopoderoso. Me bastaría decirla para abolir esta cárcel de piedra, para que el día entrara en mi noche, para ser joven, para ser inmortal, para que el tigre destrozara a Alvarado, para sumir el santo cuchillo en pechos españoles, para reconstruir la pirámide, para reconstruir el imperio. Cuarenta sílabas, catorce palabras, y yo, Tzinacán, regiría las tierras que rigió Moctezuma. Pero yo sé que nunca diré esas palabras, porque ya no me acuerdo de Tzinacán. (Borges, 1949)



El cuento plantea una pregunta fascinante: ¿qué ocurriría si un ser humano pudiera conocer el lenguaje con el que Dios escribió el universo?

El protagonista, Tzinacán, después de mucha meditación cree que existe una frase divina escondida en las manchas de la piel del jaguar. Durante años intenta descifrarla. Al final, tiene una revelación: contempla una visión del universo como una rueda infinita donde están entrelazadas todas las causas y todos los efectos. En ese instante comprende las catorce palabras de la escritura de Dios. Sin embargo, ocurre lo más sorprendente: decide no pronunciarlas.

Ese final admite varias lecturas:

* Quien contempla la verdad del universo deja de ver importancia en sus problemas personales. La libertad física ya no es esencial.

* El verdadero conocimiento no sirve para dominar a los demás, sino para transformar a quien lo alcanza.

* Hay verdades que no pueden comunicarse. El lenguaje humano resulta insuficiente para expresar una experiencia absoluta.

Me impresiona una idea del cuento: Tzinacán pasa años buscando una fórmula para escapar de la prisión, pero cuando finalmente la encuentra, ya no necesita escapar. El conocimiento cambia al buscador más que a sus circunstancias.

Lo interesante es que Borges no dice explícitamente que Tzinacán “vio a Dios”. Habla de una visión de la totalidad y del descubrimiento de la escritura divina. Esa ambigüedad es muy borgiana: deja espacio para que el lector decida si fue una experiencia mística auténtica o una intuición filosófica llevada al extremo. Yo creo que Tzinacán vio a su dios. Al verlo entendió sus misterios. A consecuencia de eso él entendió lo que muy pocos entendemos, y se olvidó de él mismo.

Me gusta mucho esta lectura, y creo que está muy bien sostenida por el propio cuento. Tzinacán comprende que su sufrimiento, su deseo de venganza contra los conquistadores y hasta su propia libertad son apenas un hilo dentro de una trama infinita. Hay una frase que resume esa transformación (parafraseándola):

El hombre que ha visto el universo ya no puede volver a pensar desde la perspectiva de un solo hombre.

Eso tiene un eco muy profundo en muchas tradiciones religiosas. En la Biblia, por ejemplo, personajes como Isaías o Job, después de encontrarse con Dios, ya no permanecen iguales. No es que obtengan respuestas para cada pregunta; más bien, cambia su manera de verse a sí mismos frente a Dios. En el Libro de Mormón también hay experiencias similares, donde el conocimiento de Dios transforma primero el corazón y después la forma de actuar.

…Espíritu del Señor Omnipotente, el cual ha efectuado un potente cambio en nosotros, o sea, en nuestros corazones, por lo que ya no tenemos más disposición a obrar mal, sino a hacer lo bueno continuamente. Mosiah 5:2

En mi interpretación, la consecuencia principal no es que Tzinacán obtenga un poder extraordinario, sino que deja de ser esclavo de su propio ego. Y eso explica por qué no pronuncia las catorce palabras. Ya no necesita demostrar nada ni vencer a nadie.

Quizá en mi intención de condensar el cuento, estoy omitiendo muchos factores importantísimos en el proceso de la transformación del sacerdote, lo importante es señalar que no fue un cambio sencillo. Borges nos relata que pasaron muchos años en las que Tzinacán estuvo encerrado, además el cuento hace mención que la cárcel permanecía oscura la mayor parte del tiempo, que solo cuando les daban alimentos podía entrar un poco de luz y es ahí donde Tzinacán aprovechaba para mirar las manchas del jaguar, las memorizaba y las analizaba en los momentos de oscuridad.

Estos eventos nos pueden dar luces de cómo, al igual que el sacerdote, todos podríamos recibir conocimiento del universo.

En el nuevo testamento, Apocalipsis 1:6 dice:

…y nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sean gloria y dominio para siempre jamás. Amén.

En un discurso dado por José Smith ante la Sociedad de Socorro, el 31 de marzo de 1842, en Nauvoo, José dijo que quería “hacer de esta Sociedad un reino de sacerdotes.”

La Iglesia explica que José Smith habló de establecer un “reino de sacerdotes” compuesto por hombres y mujeres que hubieran hecho convenios con Dios en la Casa del Señor.

“reyes y sacerdotes y reinas y sacerdotisas”

Aquí hay una conexión muy bonita en relación al sacerdote Tzinacán, por consiguiente, todos podemos alcanzar el conocimiento de Dios. Recordemos como obtuvo ese conocimiento el sacerdote. Solo contaba con unos cuantos minutos para ver al jaguar y sus manchas. Cuando los alimentaban, se abrían las ventanas localizadas en el techo, la luz solar permitía que pudiera contemplar al jaguar. Tzinacán memorizaba las manchas y las analizaba mentalmente el resto del día.

Continuando con los paralelismos propios de mi interpretación, nosotros, sacerdotes y sacerdotisas, estamos en este mundo y de alguna manera es como una especie de prisión, una cárcel muchas veces limitada por ocupaciones, responsabilidades, desafíos y problemas de toda índole. Generalmente todo esto nos obnubila, crea una especie de oscuridad. No podemos ver más allá de nuestro propio yo. Aquí aparece la deidad representada por el jaguar y sus manchas. Para nosotros el evangelio de Jesucristo y las escrituras. No necesitamos estar horas y horas en estudio intenso. Solo bastaría unos cuantos minutos de estudio, estudio diario, así como Tzinacán. Al final la promesa esta hecha, los misterios de Dios se nos manifestaran a su debido tiempo.

Termino con esta reflexión:

No son las cárceles las que definen a una persona, sino aquello en lo que se convierte mientras permanece en ellas.

 

NO SOMOS UN NUMERO

Uno de los mejores ejemplos de, hacer convenios y perseverar, lo encontré en la novela de Víctor Hugo, Los miserables. Esta obra literaria e...