lunes, 26 de octubre de 2026

DÉJALO IR

En el libro autobiográfico titulado "Al rescate" de Thomas S. Monson, el autor menciona una experiencia que tuvo de niño que me hizo reflexionar. Mensajes como este me motivan a escribir; la historia tiene que ver con el arte de pescar

Algunas veces tuve la oportunidad de ir a pescar con amigos, no es una tarea fácil aunque si es divertida. Hoy en día estas actividades son poco promocionadas o reservadas para aquellos que viven en zonas alejadas de la urbe. O simplemente ahora, con el avance de la tecnología,  algunas actividades han sido reemplazadas. Seamos honestos, salir a este tipo de actividades no solo demanda tiempo y planificación, también dinero. Entonces, videojuegos, o pasar incontables horas viendo el televisor, nos han hecho olvidar lo maravilloso que puede ser estar en contacto con la naturaleza. 

El autor empieza citando al primer escritor estadounidense en ganar un premio novel de literatura allá por los años treinta, a continuación un fragmento de la historia de su libro autobiográfico:

Sinclair Lewis, premio Nobel de literatura dijo: "De niño aprendí que hay algo importante y espiritual cuando pescamos en el río". 

Y no podríamos estar más de acuerdo porqué para pescar necesitamos ser pacientes, vigilantes, determinados, resilientes y ser fuertes. Estas son las cualidades de un buen pescador.

De niño yo había aprendidos a pescar muy bien gracias a mis tíos; dominaba las técnicas de pescar y también había aprendido algunos trucos, entre ellos: la importancia de una carnada adecuada, las ventajas de una apropiada caña de pescar, de cuando soltar  o jalar el hilo, de entender la velocidad de la corriente y los lugares adecuados donde pescar . 

Un día salí como de costumbre a pescar, mi gran objetivo era el gran pez dorado. El dorado era una inmensa trucha que solo  algunos habían tenido el privilegio de ver, era una leyenda. Yo había elegido pacientemente el lugar, la carnada y con mucha paciencia me puse a esperar que el dorado pique. Esperé pacientemente y cuando parecía que el encuentro con el dorado se postergaría para otro día, sentí un jalón muy fuerte en el hilo de pescar. No había duda, era el dorado. El pez y yo luchamos intensamente en un tira y afloja. Algunas veces soltaba el hilo para fatigar al pez y no romper  hilo. El pez era muy fuerte y, sin darme cuenta, yo me adentraba poco a poco a las profundidades del río. El agua me pasaba la altura de la cintura, la lucha seguía y ninguno de los dos parecía claudicar. Pero algo pasó, recordé las enseñanzas de mis tíos, no valía la pena exponerse a ahogarse en el río, ni siquiera por el gran pez dorado. Era tiempo de soltar, era tiempo de dejarlo ir. Ese día deje ir al dorado, porque siempre habrá nuevas oportunidades y quizá la próxima vez yo salga vencedor.

Cuantas veces en mi vida me mantuve terco aferrado a mi caña de pescar, lidiando con ese pez añorado. Cuantas de aquellas veces me vi hasta el cuello de agua, solo por no dejarlo ir. 

Para mi fortuna tambien aprendí a soltar, dicen por ahí que lo que es para ti siempre regresa. Aquel pez dorado esperado seguro regresará.


CUANDO UN COCODRILO SE CONVIERTE EN MI HOGAR

Leer a Dostoievski se ha convertido en una experiencia enriquecedora; hasta que me topé con el cuento titulado “El cocodrilo”. Después de la grata sensación que me dejó Noches blancas, El ladrón honrado y El pequeño héroe, leer las primeras paginas de El cocodrilo, simplemente algo no encajaba. Una historia por demás absurda y fantasiosa, me llevó a pensar en dejar de leer el cuento. Afortunadamente para mí, pensé en las razones del autor en escribir este cuento. Quizá había algo más, quizá era yo el que tenía que cambiar mis perspectivas y modelarme a lo que Dostoievski expresaba. Así lo hice y al final encontré lo que busco cuando leo, una enseñanza para mi vida. 

Quiero advertir que hay muchas incoherencias si queremos ser realistas, pero a veces tenemos que dejarnos llevar por la historia y comprender que nuestra vida a veces parece eso, una serie de absurdos donde nosotros somos los actores. También usaré literatura de la religión que abrazo, La iglesia de Jesucristo de los santos de los últimos días, comúnmente llamados mormones.

El cocodrilo es un cuento donde básicamente hay tres personajes que ocupan el protagonismo de la historia. Elena Ivanovna, su esposo Iván Matveievich y el amigo de Iván que es el que relata el cuento.

Iván y su esposa son de una posición económica media alta, viven una vida acomodada y tranquila, tanto es así que hacen los arreglos para salir del país de vacaciones. Antes de partir se les ocurre acudir a una especie de exposición de animales exóticos. Rusia un país generalmente frio donde algunas especies tropicales podrían causar un especial interés. Es así que deciden ir a ver a un cocodrilo y algunos monos. Un alemán, dueño de los animales, estaba ofreciendo el tour en su casa.

Los tres personajes estan en la casa del alemán y lo primero que les llama la atención fue obviamente el reptil. Que animal para mas majestuoso, pero Elena vio algo que al principio le causó una decepción y es que para ella el cocodrilo estaba muerto o era una especie de animal disecado. El libro donde leí el cuento es de la editorial Penguin clásicos, traducido por Bela Martinova. Un fragmento del cuento de la página 358 dice:

 …Me parece que su cocodrilo no está vivo —dijo nuevamente Elena Ivanovna que, molesta por la rigidez del dueño y dirigiéndose a él con un estilo muy femenino y una graciosa sonrisa capaz de aplacar al más grosero.

—¡Oh! ¡No señora! —respondió aquel, pronunciando con dificultad el ruso a la vez que levantaba la red hasta la mitad de la caja y daba con un palo en la cabeza del cocodrilo.

Para dar señales de vida, el astuto monstruo movió ligeramente las patas y la cola, y cuando levantó el morro, lanzó algo similar a un intenso resuello.

Este comentario tendrá alguna importancia más adelante cuando desarrolle un análisis particular.

Todo parecía normal en aquella visita cuando Iván, seguramente atraído por la tentadora tranquilidad de aquel animal, se acercó tanto que empezó a tocarlo. De un momento a otro pasó lo que nos podemos imaginar.

…En aquel instante, un grito horrible, que parecía irreal, estremeció a los que nos encontrábamos en aquel salón. Sin saber que pensar, al principio me quedé clavado en el sitio; al ver que en ese momento también gritaba Elena Ivanovna, me di rápidamente la vuelta y ¡Dios mío lo que ví! El pobre Iván estaba entre las horribles mandíbulas del cocodrilo.

Que escenario para más terrible debió ser aquel momento. Pero aquí esta la parte absurda e incoherente a la que me refería al principio. El dueño del local, antes de llamar a la policía o preocuparse por la víctima, estaba preocupado por su cocodrilo, la mujer, pasado el susto inicial, también pensaba en ella misma y en las consecuencias que esta situación traería a su propia vida. Pero lo más bizarro fue que Iván no había sufrido la fatalidad que todos nos imaginamos, sino que al contrario estaba vivo dentro del cuerpo del reptil.

Eso cambio muchas cosas, la esposa se tranquilizó, Iván pedía al amigo algunos favores. Pero cuando le preguntaron a Iván como se sentía estando ahí adentro del cuerpo del animal el respondió:

…Tranquilízate, amiga mía -dijo, dirigiéndose a su mujer-. Estoy cansado de tantos gritos y disputas y me gustaría dormir un poco. Esto, a pesar de todo, es cálido y muy mullido, aunque todavía no me ha dado tiempo a inspeccionar bien este inesperado refugio mío…

Estoy rodeado de una impenetrable noche -respondió el desdichado preso-, pero puedo palpar y, por si decirlo, de alguna manera, ver con las manos… ¡Así pues, hasta la vista! ¡Estáte tranquila y no te prives de las distracciones!


La historia del cuento es una crítica burlesca del comportamiento humano. Los eruditos actuales del comportamiento humano actual lo llaman “la zona de confort”.

Iván, se había compenetrado tanto en el vientre del cocodrilo que incluso decidió quedarse ahí por mucho tiempo. Esa calides pasajera lo adormeció, eso derivó a que también buscara la forma de poder trabajar dentro del reptil (por mas ridículo que esto parezca) y que, a pesar de estar en un lugar oscuro, podría estar cómodo usando sus manos para descubrir las novedades de aquel lugar.

¿Acaso Dostoievski usó este cuento para enseñarnos algo?

Es mi opinión personal que sí, la página 391 relata las trágicas consecuencias de este estado de confort que Iván decidió vivir:

…Ayer corrieron extraños rumores por nuestra gran capital de hermosos edificios. Un tal N*, conocido gastrónomo de la alta sociedad, cansado de la cocina de Borel y del club de ***ski, entró en el edificio del Pasaje y, tras dirigirse a donde muestran un enorme cocodrilo, recién traído a la capital, encargó que se lo prepararan para comer. Tras llegar a un acuerdo con el dueño, acto seguido procedió a comérselo.

Este es el final adelantado para todos aquellos que vivimos inmersos dentro de nuestra zona de confort.

Esta historia me hace recordar al antiguo testamento cuando Jonás es tragado por un animal marino.

En el libro de Jonás capitulo 1 verso 17 dice:

…Pero Jehová tenía preparado un gran pez para que se tragase a Jonás; y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches.

Si recordamos la historia de Jonás nos daremos cuenta que aquel profeta fue castigado por no obedecer a Jehová. Una vez dentro del gigante pez, la actitud de Jonás fue diferente a la de Iván y eso lo refleja el capitulo 2 versos 1 y 2:

Entonces oró Jonás desde el vientre del pez a Jehová, su Dios, y dijo: Clamé en mi angustia a Jehová, y él me oyó; desde el seno del Seol clamé, y mi voz oíste.

Al final de esta historia bíblica, Jonás es devuelto a tierra seca y obedeció a Dios y cumplió su ministerio.

El cuento de Iván y el cocodrilo me hizo pensar en los cocodrilos de nuestras vidas, todos tenemos reptiles que nos tragan voluntaria o involuntariamente. Por lo general cuando somos tragados voluntariamente se debe por nuestras debilidades o malos hábitos. Lo curioso es que a veces somos atraídos por algo que nos parece conveniente, necesario o incluso beneficioso. Tarde es y nos damos cuenta que somos devorados. A veces actuamos como Iván y empezamos a justificar nuestra situación en lugar de buscar una salida. Estos cocodrilos pueden ser representados por:

·        El trabajo y la ambición de conseguir mas dinero.

·        La necesidad de aprobación, estar pendientes de lo que otros piensan de nosotros.

·        El miedo al cambio.

·        Las obligaciones o responsabilidades terminan absorbiendo nuestra identidad

·        El resentimiento y las heridas del pasado.

·        La comodidad y la postergación.

·        El autoengaño, y este es el cocodrilo más peligroso.

¿Cómo lidiar con esos cocodrilos de nuestras vidas?

Una frase que aprendí cuando vivía en Colombia dice: ¡Lo que esta quieto déjelo quieto¡, Elena, en su inicial encuentro con el cocodrilo vio al animal inmóvil y al parecer muerto, pero eso no le bastó e hizo que molestaran al animal que estaba inerte.

Cuando sabemos que algo nos hace daño, no es necesario andar cerca ni rodearlo, mucho menos jugar con el, Iván pecó de inocente al jugar con el cocodrilo. Además, Iván nos da pistas de como se sintió estando dentro de aquel animal, siente una tranquilidad pasmosa y hasta parece cómodo en aquella oscuridad. Es mi opinion personal que, no me parece una coincidencia que Dostoievski usara aquella frase: Estoy rodeado de una impenetrable noche. La oscuridad para el cristianismo representa el pecado, por el contrario, la luz representa a Cristo y su mensaje.

En el libro de doctrina y convenios capitulo 88 versos 6 y 7 dice:

…La luz de la verdad, la cual brilla. Esta es la luz de Cristo. Como también él está en el sol, y es la luz del sol, y el poder por el cual fue hecho.

En el libro de Mosiah capitulo 16 verso 9 el profeta Abinadí explica sobre esta luz y dice:

Él es la luz y la vida del mundo; sí, una luz que es infinita, que nunca se puede extinguir; sí, y también una vida que es infinita, para que no haya más muerte.

Que conveniente que al final del verso 9 exprese que sin luz hay muerte. Y justamente ese podria haber sido el Final de Iván, pues, aunque pareciera ser que se trataban de noticias falsas, la historia cuenta que un chef famoso compra el cocodrilo para usarlo como ingrediente en una comida exótica.

Aquí va mi reflexión final; hasta cuándo vamos a seguir viviendo dentro del cocodrilo de nuestras vidas, necesitamos despertar y sacudirnos de esta especie de cárcel, salir del interior de aquel monstruo y vivir.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

jueves, 17 de septiembre de 2026

NO SOMOS UN NÚMERO

Uno de los mejores ejemplos de, hacer convenios y perseverar, lo encontré en la novela de Víctor Hugo, Los miserables. Esta obra literaria es ambientada en Francia a inicios del siglo XIX, la situación económica y social en ese entonces estaba en su peor momento. Jean Valjean, era una persona dedicada a su familia y de carácter noble. Vivían sumidos en la extrema pobreza por la falta de empleo. Al escasear los alimentos, se ve forzado a robar pan para dar de comer a sus sobrinos. Fue la primera vez que delinquía. Esa novatada le costó caro. Fue retenido por la policía y recluido en una de las peores cárceles de Europa. El presidio de Toulón.

Hay personas que pueden acostumbrarse fácilmente a ciertos lugares y situaciones, pero Jean Valjean no era de esos. Aquel personaje sufría en extremo su nueva vida en aquel “infierno en la tierra”. Trató de huir varias veces y en todas fue capturado, eso aumentó su castigo. Al entrar al presidio su nueva identificación fue un número, las cifras 2-4-6-0-1. Al final purgó diecinueve años de condena... casi veinte años solo por robar pan. 

Aquel hombre sediento de venganza hacia el mundo, fue liberado con un pasaporte amarillo, en ese tiempo el que poseía un pasaporte amarillo era marginado por la sociedad. Situación sumamente desesperante, no conseguía hospedaje a pesar que podía pagarlo, menos le daban trabajo. Ese pasaporte era una marca que lo condenaba al rechazo de la sociedad.  

Permítanme hacer un paralelismo en esta historia con nuestras vidas. A veces por muchas razones, perdemos el rumbo. Quizá al igual que Jean Valjean somos víctimas de nuestras decisiones. O tal vez por cuestiones inexplicables que no buscamos, terminamos viviendo una vida desafiante, totalmente diferente a como lo habíamos planeado. Extraviamos nuestra identidad divina.

Después de su paso por Toulón, aquel joven del que se hace mención en la novela, había sufrido una transformación, una degradación, Víctor Hugo lo describe a continuación:

… Jean Valjean estaba indignado y, además, la sociedad humana solo le había causado daño. Nunca le había visto más que ese rostro enojado al que llama su justicia y que les muestra a los que ésta castiga. Los hombres no lo habían tocado sino para magullarlo. Cualquier contacto con ellos había sido un golpe. Nunca, desde la infancia, desde su madre, desde su hermana, nunca se había encontrado con una palabra amiga y una mirada benévola. De sufrimiento en sufrimiento llegó poco a poco a la convicción de que la vida era una guerra y que en esa guerra el vencido era él. No tenía más arma que su odio. Decidió afilarlo en presidio y llevárselo consigo cuando se fuera. (Los miserables, volumen 1 página 109)

Esta historia me recuerda a Alma hijo, al principio perseguía a la iglesia; el libro de Mosiah capítulo 27 dice:

...Y llegó a ser un gran estorbo para la prosperidad de la iglesia de Dios, granjeándose el corazón del pueblo, causando mucha disensión entre la gente, dando oportunidad para que el enemigo de Dios ejerciera su poder sobre ellos.

Al igual que Jean Valjean, algunas veces nos encontramos como perdidos, solos o con resentimiento a la vida. Sin embargo, la providencia que nunca nos deja solos, nos presenta otra oportunidad, una salida, nos pone en el camino a unos ángeles con placa llamados misioneros.

De modo que, al conocer a los élderes o a las hermanas, los escuchamos, aprendimos que no estamos solos, que Jesucristo nos ama con un amor inmenso. Que no importa lo que hiciéramos, ese amor no cambiaría, que podríamos obtener descanso en él.

El libro de Mateo en el nuevo testamento nos recuerda:

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. (Mateo 11:28)

En ese momento iniciamos nuestra conversión y aceptamos la invitación de los misioneros a bautizarnos.

En Los miserables, el ángel de Jean Valjean resultó ser un sacerdote de nombre Myriel. Un hombre dedicado a Dios, alguien que vio en aquel ex presidiario, un alma noble. Ese ministro de Dios, no lo rechazó, lo invitó a entrar en su morada, hizo traer la vajilla de plata para aquel visitante y compartió una cena deliciosa. Aquel sacerdote lo trató como un hijo de Dios.

Ese individuo deshumanizado por la cárcel, este ser identificado con el número 2-4-6-0-1, al final de la cena, ideó un plan para robar aquella vajilla de plata. Muy de madrugada consumó el delito y escapó con la platería. No llegó muy lejos y fue capturado por la policía. Llevaron al ladrón a la casa del obispo y este, lejos de acusarlo, obró tal y como Jesucristo lo hace diariamente con nosotros. El sacerdote perdona al ladrón y le dice a la policía que él, había regalado la vajilla al muchacho. Los policías estaban confundidos, pero Jean Valjean lucía paralizado. 

Víctor Hugo relata esa escena como sigue:

…Jean Valjean estaba como un hombre que fuera a desmayarse. El obispo se le acercó y le dijo en voz baja: Que no se le olvide, que no se le olvide nunca, que ha prometido utilizar ese dinero en convertirse en un hombre honrado. Jean Valjean, hermano mío, ya no pertenece al mal, sino al bien. Le compro el alma, se la quito a las ideas negras y al espíritu de perdición y se la doy a Dios. (Los miserables, volumen 1 página 129)



Retornemos a ese momento en el que entendimos del amor de Cristo, de que, a pesar de todo nuestro pasado, somos bendecidos y que no estamos solos. Es ahí que decidimos bautizarnos, hicimos un convenio con Dios. Que Dios perdonaría nuestros pecados. Que volveríamos a nacer y a recobrar nuestro nombre, aquel nombre por el que Cristo nos llama, que somos hijos del más alto Dios.

Las palabras de Nefi en el libro de Mormón, 

…Por tanto, haced las cosas que os he dicho que he visto que hará vuestro Señor y Redentor; porque por esta razón se me han mostrado, para que sepáis cuál es la puerta por la que debéis entrar. Porque la puerta por la cual debéis entrar es el arrepentimiento y el bautismo en el agua; y entonces viene una remisión de vuestros pecados por fuego y por el Espíritu Santo. (2Nefi 31:17)

En mi caso, yo hice ese convenio a los diez años y usualmente olvido los detalles de mi bautismo. Afortunadamente, guardo muchos recuerdos que certifican el proceso de mi conversión. Momentos espirituales como, mi tiempo en la misión, los milagros en muchos pasajes de mi vida, etc. Cuando paso por etapas desafiantes, lo que usualmente hago es regresar mentalmente en el tiempo a esos momentos especiales. Ahí encuentro paz y fuerzas para seguir.

La conversión del expresidiario 2-4-6-0-1, también fue especial, la novela lo relata de esta manera:

…Jean Valjean estuvo llorando mucho rato. lloró a lágrima viva. Sollozó, más débil que una mujer, más asustado que un niño. Mientras lloraba, cada vez era mayor el albor en la mente. Un albor extraordinario, un albor arrebatador y terrible a la vez: su vida pasada, su primera falta, su larga expiación, su endurecimiento externo, su liberación, que se alegró con tantos planes de venganza, lo sucedido en la casa del obispo, […]. Todo le recordó y todo se le apareció con claridad, pero con una claridad que nunca había visto hasta entonces. Miró su vida y le pareció horrible, se miró el alma y le pareció espantosa. No obstante, caía sobre aquella vida y sobre aquella alma una claridad suave. […]. ¿Cuántas horas pasó llorando así? ¿Qué hizo tras aquel llanto? ¿Dónde fue? No se ha sabido nunca. Sólo parece probado que esa misma noche, un trajinante que cubría a la sazón el servicio de sereno […] a eso de las dos de la madrugada vio al cruzar la calle del obispado a un hombre en actitud de orar, de rodillas en los adoquines, delante de la puerta de Monseñor Miryel. (Los miserables, volumen 1 pagina 137)



Ese, a mi criterio, fue el momento de la conversión de Jean Valjean, y la vajilla de plata y los candelabros del mismo material, aquellos que le regaló el sacerdote, representaron el convenio. Aquel convenio que siempre guardó, aquel pacto que se esforzó por cumplir hasta el último día de su vida.

En el libro de mormón, el pueblo del rey Benjamin también experimentó este proceso de conversión, el libro de Mosiah capítulo cinco verso dos dice:

…Y todos clamaron a una voz, diciendo: Sí, creemos todas las palabras que nos has hablado; y, además, sabemos de su certeza y verdad por el Espíritu del Señor Omnipotente, el cual ha efectuado un potente cambio en nosotros, o sea, en nuestros corazones, por lo que ya no tenemos más disposición a obrar mal, sino a hacer lo bueno continuamente.

Sin embargo, no somos perfectos, después del bautismo vamos a caer y a fallar. Sigamos el consejo de las escrituras, levantémonos, o como dice Pablo a los romanos:

…Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza. (Romanos 5: 3-4)

Jean Valjean se convirtió y perseveró hasta el fin, en su antigua vida era reconocido por un número; pero el sacerdote lo conocía como un hijo de Dios. Al cumplir y perseverar en sus convenios, cambio su vida y la de mucha gente. Recordemos la conversión potente de Alma hijo en Mosiah 27:24

…porque, dijo él, me he arrepentido de mis pecados, y el Señor me ha redimido; he aquí, he nacido del Espíritu.

Para concluir:

Nosotros tampoco somos un número, somos hijos de Dios y él nos conoce a cada uno por nuestro nombre. No basta con hacer convenios; debemos perseverar en ellos. Y cuando caemos, no significa que el convenio haya fracasado; significa que debemos levantarnos y continuar. Este es el camino para gozar de las bendiciones prometidas; de la vida eterna.

lunes, 31 de agosto de 2026

LOS PAPELES QUE REPRESENTAMOS


Setiembre es primavera, mes de las de flores y su variedad de colores, hoy el cielo totalmente despejado de un color azul serrano. La ciudad del Cusco está rodeada por cerros que en esta época del año se visten de verde intenso. Salir a trotar en este tiempo es casi una obligación para los que amamos el running. La última vez que salí a trotar fue a mediados de junio, en ese entonces la temperatura era muy baja, sobre todo en las mañanas, me enfermé tanto que tuve que sacar cita con el médico. Ahora es diferente, la temperatura es ideal para salir a trotar así que me preparé con anticipación para empezar el mes haciendo un poco de deporte.

Debía alistar una noche antes todos mis implementos, un gorro, una bandana que me cubre la boca y la nariz. Puse a cargar el reloj que uso cuando salgo a trotar, estaba sin baterías. Sí, aquel reloj que mandé a traer de USA y me costó un ojo de la cara, el mismo que mide mi velocidad, el ritmo cardiaco, entre otras cosas. Y es que, para mí, salir a trotar es todo un acontecimiento.

Me desperté temprano, hice ejercicios de calentamiento unos minutos y salí con rumbo al monumento del cóndor. Mi ruta es bastante segura y conocida, hay mucha gente que sale a trotar por la berma central de la avenida de la cultura, en ambos extremos de la vía peatonal se aprecian las áreas verdes donde están los árboles acompañando todo el trayecto.

El aire fresco y la música escogida especialmente para estos fines, complementaban este tiempo agradable. Todo parecía igual, aunque había algo que llamó mi atención. Casi siempre en mis recorridos, por la mismo circuito donde corría, veía a un muchacho con evidentes síntomas de trastornos mentales, tendría unos 25 años y mayormente caminaba desnudo. Algunas veces andaba vestido, pero siempre andaba descalzo. En alguna ocasión lo vi con el cabello corto, aparentemente había gente que cuidaba de él. En fin, ese muchacho no parecía peligroso. De hecho, daba la impresión que vivía en su propio mundo, tenía su mirada perdida cuando caminaba. Ojalá este bien aquel joven lamanita (así lo llamaba por su desnudez), espero que el frio intenso de junio no lo haya enfermado. Para ser honesto es la primera vez que me preocupo por él, total, no es la primera persona de esas características que veo. Hace varios meses ya vi a otro hombre, también desnudo, pero este si era agresivo, caminaba por en medio de la calle golpeando autos.  

Hace un par de años mientras corría, vi a otra persona de más o menos sesenta años, él estaba cargando una canasta de panes. Aquel individuo tenía una deformidad en la espalda y en ambos pies. Básicamente se arrastraba y los zapatos estaban fuera de los pies, los pasadores estaban amarrados a los tobillos. Cuando lo vi, quise mostrarme indiferente, pero fue imposible. Me di la vuelta y me acerqué a él, intenté ponerle correctamente los zapatos, pero la deformidad de sus pies no me lo permitía. Le ayudé a cruzar la avenida y cargué la canasta un par de cuadras. Llegamos a un local donde él debía entregar la canasta con los panes.

Estos tres personajes ahora dan vueltas en mi cabeza. Hay tanta desigualdad en el mundo, algunos de estos indigentes no se dan cuenta de sus circunstancias, otros siguen adelante mostrando resiliencia y dándonos ejemplo de vida. Por lo general no siempre soy aquel buen samaritano que esta buscando oportunidades de ayudar, podría decir que la mayoría de las veces soy ciego ante estos hechos, quizá sea porque yo también tengo desafíos y preocupaciones que nublan mi mente en mi andar por las calles.

 Lo que ahora me hace reflexionar es mi última lectura, Miguel Ángel Asturias y su Obra Señor presidente. En esta maravillosa obra, el autor nos presenta al “Pelele”, este personaje es un indigente con evidentes alteraciones mentales. Así como los ejemplos reales que yo experimenté las veces que salí a trotar, el Pelele vivía en la calle. La mayoría de la gente lo ignoraba, adicionalmente otros indigentes como él, hacían burla y escarnio de su condición.

…Contado por los mendigos, se regó entre la gente del pueblo que el Pelele se enloquecía al oír hablar de su madre. Calles, plazas, atrios y mercados recorría el infeliz en su afán de escapar al populacho que, por aquí, que, por allá, les gritaban a todas horas, como maldición del cielo, la palabra madre.

Cuantas veces, y es una reflexión intima, no solamente somos indolentes ante personas que tienen condiciones semejantes, sino que también colaboramos a que su padecimiento se vea incrementado. Y es que, es nuestra naturaleza egocéntrica que hace que no veamos más allá de nosotros. Una vocecilla en mi mente pareciera responder a esta reflexión: “Es que yo también tengo problemas, además algunas veces ayudo”.

El pasado pareciera recordarme, pues en alguna forma y en ciertas situaciones, nosotros también somos el “Pelele” para a otros. No somos una moneda de oro para caer bien a todo el mundo. Entonces, quizá se burlen de nosotros, puede que nos hieran con comentarios malintencionados. Nosotros, a los ojos de ellos, desperdiciamos nuestra vida, porque no tenemos un trabajo ni la posición económica que ellos tienen, porque académicamente no conseguimos logros representativos, etc. Por todo esto, a sus ojos, nosotros representamos al “idiota”

El reloj me advertía que ya estaba en el kilómetro tres de mi recorrido, las piernas se sentían más pesadas. La respiración se me dificultaba un poco. Era obvio, son las consecuencias de salir a correr después de varios meses. Ahora  tenía que bajar el ritmo, podría lesionarme. De pronto una nueva canción sonaba en mis audífonos; era Dancing With Myself de Billy Idol. ¿Cómo poder bajar el ritmo con esa canción?,  nuevamente mejoré un poquito la velocidad y volví a correr, esta ves al ritmo de la música. Poco después mis pensamientos me regresaron al Pelele y Cara de Angel del Señor Presidente.

En la obra de Asturias se menciona un evento trascendental que pondría al Pelele a actuar agresivamente. El causante fue un policía de alto rango que pasaba por la calle donde pernoctaban los indigentes, aquel hombre sabía de las burlas al Pelele y también abusaba de su autoridad.

…El policía se detuvo — la risa le entorchaba la cara —, acercóse al idiota de un puntapié y, en son de broma, le gritó: — ¡Madre!

No dijo más. Arrancado del suelo por el grito, el Pelele se le fue encima y, sin darle tiempo a que hiciera uso de sus armas, le enterró los dedos en los ojos, le hizo pedazos la nariz a dentelladas y le golpeó las partes con las rodillas hasta dejarlo inerte.

Los mendigos cerraron los ojos horrorizados, la lechuza volvió a pasar y el Pelele escapó por las calles en tinieblas enloquecido bajo la acción de espantoso paroxismo.

Cuenta la novela que el Pelele corrió por las calles, escapando de los ruidos y los ladridos de los perros. No estaba asustado por el crimen que había cometido, mas bien escapaba del dolor, de aquellos acosadores. En su huida, cansado y de hambre, parecía que su fin había llegado. Cayó como muerto en una esquina donde la gente acopiaba la basura, en aquel basural esperaba la muerte. Después de algún tiempo un hombre que pasaba por ahí vio el cuerpo del Pelele, parecía cadáver y al cerciorarse que aun respiraba, quiso ayudarlo. Otro hombre que también pasaba por ahí, se percató de la escena y se acercó. Era un hombre alto y se notaba que era de una clase social alta, se condolió del Pelele y dejó dinero para tratar sus heridas y alimentación. Aquel hombre después de hacer su labor samaritana se alejó de la escena y no lo volvieron a ver. Mas adelante volveremos a saber del nombre de este “bondadoso” personaje, lo apodaban el “Cara de ángel”.

En algunos momentos de mi vida, quizá yo también pude ser un “cara de ángel”, Entonces, a los largo de nuestra existencia terrenal, podemos interpretar múltiples papeles. Sí, a veces somos actores inconscientes.

Volviendo a la historia del Pelele, este crimen había sido muy sonado en la ciudad, el muerto era un hombre muy cercano al presidente, aquel presidente autoritario y sanguinario. Este presidente utilizó la muerte de su amigo para inculpar a un opositor al régimen. Entonces para que su plan resulte, tenía que desaparecer al Pelele.

La policía secreta busca incesantemente al Pelele para matarlo, finalmente logran encontrar al desdichado, y el final de aquel personaje, nos deja una reflexión muy profunda:

…El idiota se quejaba quedito y recio como un perro herido. Un alarido desgarró la noche. Vásquez (de la policía secreta), a quien el Pelele vio acercarse con la pistola en la mano, lo arrastraba de la pierna quebrada hacia las gradas que caían a la esquina del Palacio Arzobispal. Rodas asistía a la escena, sin movimiento, con el resuello espeso, empapado en sudor. Al primer disparo el Pelele se desplomó por el graderío de piedra. Otro disparo puso fin a la obra. [ …] Y nadie vio nada, pero en una de las ventanas del Palacio Arzobispal, los ojos de un santo ayudaban a bien morir al infortunado y en el momento en que su cuerpo rodaba por las gradas, su mano con esposa de amatista, le absolvía abriéndole el Reino de Dios.



Este muchacho terminaba su existencia en este plano y ahora estaba siendo recibido en el reino de Dios.

Para la gente como yo, que cree en el todopoderoso y en su filosofía, anhelamos una vida en su reino. El Pelele lo había logrado. Una vida de carencias, una vida de dolor físico y emocional, terminaba con la muerte. Entonces, siguiendo este razonamiento, la muerte, no debería ser vista con miedo ni estupor. Aunque el autor no lo menciona directamente, la muerte podría representar la salvación de nuestros dolores y pesares. Para ser honesto, yo le tengo miedo a la muerte, sobre todo cuando imagino una muerte con sufrimiento. Tengo miedo a la muerte de un ser querido. A pesar que soy consiente que todos moriremos, aun no estoy preparado para este acontecimiento. Entonces, esta historia del Pelele nos enseña que podemos encontrar calma en Dios, las escrituras mencionan en un pasaje lo siguiente:

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Mateo 11:28

No podremos soportar solos las cargas propias de nuestra existencia, los desafíos laborales, las enfermedades y sobre todo nuestros temores. Dejemos que Dios lleve nuestros pesares, y para eso necesitamos creer que El puede hacernos descansar.

En el libro de Apocalipsis 14:13 dice:

Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor… descansarán de sus trabajos…

La vida del joven desnudo lamanita, aquel que caminaba mientras yo corría, la vida del Pelele, mi vida misma, tienen un parecido. Todos estamos aquí y enfrentaremos desafíos, y en algún momento enfrentaremos la muerte.

Siguiente reflexión, Mas adelante en la novela, encontramos que el “bondadoso” Cara de Ángel, es miembro del circulo cercano del presidente, por lo tanto, sirve a un régimen profundamente cruel, aunque es capaz de sentir afecto y mostrar cierta conciencia moral, también, ejecuta las ordenes crueles del presidente, convirtiéndose en cómplice de las atrocidades del régimen.

¿Es sostenible estar en medio de dos posiciones tan opuestas? Puede que, en la vida real, actuemos como el Cara de Ángel, acomodando nuestro comportamiento a nuestra conveniencia, pero eso también representa un desgaste de energía. No definir una personalidad puede jugar, a la larga, en nuestra contra.

En el libro del apocalipsis dice:

Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.

Para concluir, mi reloj marcaba el kilómetro cinco de mi recorrido, el monumento al cóndor sería parte de una foto en recuerdo de esta salida temprana de trotar en setiembre. Me sentía saludable y decidido a escribir sobre esta experiencia. Que el Pelele es un ejemplo del sufrimiento del ser humano, que en algún sentido todos podemos ser, en algún momento de nuestra existencia, el pelele para alguien. También podemos tomar el papel del policía autoritario y ejercer injusto dominio al semejante. Pero quizá lo mas preocupante es que también actuamos como Cara de Ángel, no tomando una posición firme y nos comportamos según nuestra conveniencia.


Salí a correr para limpiar mi cuerpo del sedentarismo y terminé limpiando, aunque fuera un poco, mi manera de mirar a los demás. 


martes, 18 de agosto de 2026

NO ABANDONEMOS NUESTRA PROPIA MISERICORDIA



Hace algunos dias me invitaron a  hablar en la reunion sacramental de mi barrio; la única condicion era que tenía que basarme en un discurso de la última conferencia general. Al repasar los discursos no fue facil escoger un tema pues que todos eran importantes para mi. El Elder Matthew S. Holland dió un discurso muy bueno titulado: No abandonen su propia misericordia; en estos momentos de mi vida, este discurso tuvo un gran impacto en mi, asi que decidí escribir sobre este discurso.

Todos estamos familiarizados con la historia de Jonás y como fue tragado por un pez y todo lo demás. Sin embargo, este relato bíblico me hizo ver al profeta Jonás de una manera más humana, mas como nosotros. A pesar de que Jonás fue llamado como profeta de Dios, el actuó como humano, demostrando que no importa la posicion economica o social que tengamos, todos podemos caer, todos pasamos por aflicciones. Y que muchas veces estas caidas, son causadas por nosotros mismos. Recordemos la transgresión de nuestros primeros padres, Adán y Eva, que fueron expulsados del jardín de Edén, originando la caída. Así como ellos y como Jonás, la historia también nos enseña que, así como caemos, también podemos levantarnos. Que es natural el sentimiento de angustia, que es saludable validar nuestros sentimientos de dolor. Pero que no es correcto ni aceptable que nosotros seamos nuestros más duros inquisidores. Que siempre habrá una luz al final del túnel; y que usemos la experiencia de nuestras caídas para nuestro beneficio. Que debamos esperar en la misericordia de Jesucristo, pero también que debamos tener misericordia por nosotros mismos.

El Elder Matthew Holland dijo:

Un testimonio de la Caída no excusa el pecado ni un enfoque descuidado de los deberes de la vida, los cuales siempre requieren diligencia, virtud y responsabilidad. Sin embargo, debería atenuar nuestras frustraciones cuando las cosas simplemente van mal o cuando vemos una falla moral en un familiar, un amigo o un líder. Con demasiada frecuencia, cosas como esas nos hacen centrarnos en la crítica contenciosa o el resentimiento que nos roba nuestra fe, pero un firme testimonio de la Caída puede ayudarnos a ser más como Dios, tal como lo describe Jonás, es decir, “piadoso[s], tardo[s] en enojar[nos] y de gran misericordia” con todos, incluso con nosotros mismos, en nuestro estado inevitablemente imperfecto.

Permítanme resaltar algunos momentos claves de la historia de Jonás y luego hacer un paralelismo en cuanto a nuestras propias vidas.

Primero: Jehová le dio un mandamiento a Jonás, capítulos 1 al 4

Levántate, ve a Nínive, la gran ciudad, y clama contra ella, porque su maldad ha subido delante de mí.

Pero Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis, y descendió a Jope y halló una nave que partía para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehová.

Al igual que al profeta Jonás, Dios nos da mandamientos, nosotros prometimos cumplirlos, pero debido nuestra naturaleza mortal, algunas veces tomamos un camino opuesto al que nos comprometimos con Nuestro Padre Celestial.

Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia mediante la redención que es en Cristo Jesús. (Romanos 3:23)

Entonces, la escritura dice que:

Pero Jehová hizo levantar un gran viento en el mar, y hubo una tempestad tan grande en el mar que se pensó que se partiría la nave.

Y los marineros tuvieron miedo, y cada uno clamaba a su dios; y echaron al mar los enseres que había en la nave, para aligerarla. Pero Jonás había bajado al interior de la nave, y se había acostado y dormía profundamente.

Cuando deliberadamente tomamos un camino diferente al que hacemos con nuestros convenios, entramos en una especie de sueño profundo. Lo malo que este sueño usualmente se convierte en una pesadilla. Lamentablemente, así como los marineros que estaban en el barco, nuestras malas decisiones también afectan a los que nos rodean. Hacemos sufrir a los que más amamos y estamos tan dormidos que no nos percatamos de esto.

Entonces, haciendo un análisis personal de mi vida, cada vez que yo tome malas decisiones, cada vez que deliberadamente cedí a mis pasiones y vanidades, pude sentir ese amargo sentimiento, aquel sueño pesado y oscuro del cual daría todo por despertar.

Y aquí va el primer paso que hizo y debemos imitar.

Y Jonás les respondió: Soy hebreo y temo a Jehová, Dios de los cielos, que hizo el mar y la tierra.

En esos momentos difíciles, a veces olvidamos que somos hijos de un Padre Celestial, y que Dios siempre estará dispuesto a ayudarnos, no importa cuántas veces caigamos, Dios nos ama y nos ayudará. En ese sentido debemos recordar quienes somos y cuál es nuestra relación con nuestro creador. Soy miembro de la iglesia de Dios e hice convenios, si, con el creador de todo.

Segundo:

Y le dijeron: ¿Qué haremos contigo para que el mar se nos aquiete? Porque el mar se iba embraveciendo más y más.

Y él les respondió: Tomadme y echadme al mar, y el mar se os aquietará, porque yo sé que por mi causa ha venido esta gran tempestad sobre vosotros.

Jonás reconoció su falta y también estuvo dispuesto en aceptar las consecuencias de sus actos. Lo echaron al mar y la escritura dice que un pez gigante se lo trago.

Como dijo el presidente Hinckley: Tenemos la libertad para tomar nuestras decisiones, pero no olvidemos que también deberemos asumir las consecuencias de nuestros actos.

El clamor de Jonás es el de un buen hombre que atraviesa una crisis de la que es, en gran medida, responsable. Para un santo de los últimos días, cuando una catástrofe es fruto de un hábito, un comentario o una decisión lamentables —a pesar de tantas otras buenas intenciones y de esfuerzos sinceros de rectitud— puede ser especialmente devastador y lo deja sintiéndose abandonado. No obstante, la causa o el grado de desastre que enfrentemos, siempre hay tierra firme para la esperanza, la sanación y la felicidad.

Tercero:

Entonces oró Jonás desde el vientre del pez a Jehová, su Dios,

y dijo: Clamé en mi angustia a Jehová, y él me oyó; desde el seno del Seol clamé, y mi voz oíste.

Me echaste a lo profundo, en medio de los mares, y me rodeó la corriente; todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí.



Particularmente y no estoy orgulloso de mencionarlo, varias veces me he sentido así de miserable como Jonás. Los problemas me agobiaron tanto que me encontré en situaciones donde avergonzado y con mucho dolor, me arrodillaba en oración al Padre suplicando por su consuelo, rogando para que me libere del sufrimiento del que yo mismo había sido el causante.

Las aguas me rodearon hasta el alma; me rodeó el abismo; las algas se enredaron en mi cabeza.

Así como el profeta, tuvo que sufrir las consecuencias de sus decisiones, el relato nos cuenta que por algún tiempo el sufrió y que no esperemos que el dolor pase inmediatamente. En todo ese momento debemos tener la valentía y resiliencia de que todo pasa, que en algún momento estaremos en una mejor situación. Mientras tanto, tenemos que seguir orando y pidiendo por fortaleza, debemos seguir los pasos del arrepentimiento.

Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová; y mi oración llegó hasta ti, hasta tu santo templo.

Los que siguen vanidades ilusorias su propia misericordia abandonan.

Pero yo, con voz de alabanza, te ofreceré sacrificios; cumpliré lo que prometí. La salvación pertenece a Jehová.

Y mandó Jehová al pez, y este vomitó a Jonás en tierra.

Para cualquiera que hoy sienta lo que yo sentí entonces —que ha sido desechado, hundiéndose en las aguas más profundas, con algas enredadas en la cabeza y montes oceánicas rompiendo a su alrededor—, mi ruego, inspirado por Jonás, es que no abandonen su propia misericordia. Ustedes tienen acceso inmediato a la ayuda y a la sanación divinas a pesar de sus defectos humanos. Esta asombrosa misericordia viene por medio de Jesucristo. Dado que Él los conoce y los ama de manera perfecta, se la ofrece como si fuera “propia” de ustedes, lo que significa que se adapta perfectamente a ustedes, pues está diseñada para aliviar sus agonías individuales y sanar sus dolores particulares. Así que, por el amor de Dios y el suyo, no le den la espalda y acéptenla.

Para concluir, comencemos por negarnos a escuchar las “vanidades ilusorias” del adversario, que nos tentaran para que pensemos que el alivio se encuentra al alejarnos de nuestras responsabilidades espirituales. En vez de ello, sigamos el ejemplo del contrito Jonás. Clamemos a Dios. Volvámonos hacia el templo. Aferrémonos a los convenios que hicimos. Sírvanos al Señor, a Su Iglesia y al prójimo con sacrificio y acción de gracias.

En el nombre de Jesucristo, Amen.

DÉJALO IR

En el libro autobiográfico titulado "Al rescate" de Thomas S. Monson, el autor menciona una experiencia que tuvo de niño que me hi...