La vida nos enseña de muchas maneras, y para mí, también lo hace a través de la literatura. Acabo de terminar de leer La ciudad y los perros de Mario Vargas llosa, y es mi intención plasmar algunas de mis impresiones en estos párrafos.
Debo confesar que inicié esta lectura con muy
pocas expectativas, creo que me dejé llevar por mis propias percepciones y no
le daba mucho crédito a Vargas Llosa como escritor. Al menos consideraba que su
estilo literario no era de mi agrado. Cuando leí Don Quijote de la Mancha, compré
la edición de la Real Academia de la Lengua española (RAE), ahí descubrí que
existe una colección de clásicos donde estaba incluida esta obra. Entonces si
la Real Academia consideraba un clásico a La ciudad y los perros, yo quise
darme una oportunidad y conocer directamente la creacion de Mario Vargas Llosa.
Al principio me costó mucho seguirle el ritmo a
su estilo literario, y es que no existe linealidad en esta obra. Salta de una historia
a otra muy rápidamente y sin previo aviso. Después me fui empapando y
compenetrando con los personajes y la trama. La linealidad que estaba
acostumbrado en otras obras ya no era una molestia.
Debo confesar que al principio me pareció muy
semejante a la obra de José María Arguedas, Los ríos profundos, donde el universo
de la historia es un colegio internado en Abancay. Aquí en La ciudad y los
perros también el microcosmos es el colegio militar Leoncio Prado. Pero aquí el
personaje principal ya no era Ernesto, un niño adolescente donde gira toda la
trama. Aquí teníamos a Alberto, pero avanzando en la trama cobran notoriedad otros personajes y al final el personaje principal resulta ser otro. Estos personajes representaban una
realidad diferente. Realidad tan variada como las razas de nuestra sociedad peruana.
Me puse en los zapatos de Alberto, a quien le decían
el poeta, un joven que provenía de una clase media, padres con desafíos matrimoniales,
pero en general de buena educación. Sin embargo, también me conmovió el
estudiante Arana, al cual la mayoría de los compañeros acosaban.
Como la mayoría de las historias siempre hay un
villano que en este caso era Esteban (el jaguar), personaje muy odiado por mi
parte por que representaba lo matonesco, lo vil y aquel que siempre quiere
controlar todo violando las normas.
Si pensamos en una institución como un colegio
militar, lo primero que diríamos es que en ese lugar reina la disciplina y los
buenos modales. Creo que lo que el autor nos enseña es que, en nuestra sociedad,
no todo lo que brilla es oro, que no juzguemos al libro por la portada. Para el
autor, dentro del colegio había todo menos disciplina.
Quiero concentrarme en los amores de Teresa,
una muchacha que influyó en la vida sentimental de tres compañeros de la misma
clase del colegio militar Leoncio Prado.
Primero mencionar a Arana, de sobrenombre el
esclavo, quien era vecino de la joven y que se enamoró de la muchacha de forma platónica
y unilateral. Teresa nunca supo de los sentimientos de Arana. Pero el esclavo
si estaba obsesionado con ella y de manera muy desproporcionada. Fue tanta esa energía
que lo empujo a hacer cosas irracionales y poco éticas. Al final eso le llevo a
que sus compañeros le tuvieran rencor y alguien lo mató por soplón. Es que el
esclavo estaba dispuesto hasta de acusar a sus amigos, de entregarlos ante la autoridad,
solo para obtener beneficios de salida los fines de semana. todo para ver a su
amada Teresa. Como no podía salir por que lo castigaban constantemente, le pide
a su amigo el poeta, para que vaya a visitar a Teresa y disculparse por la cita
fallida.
Alberto le hace el favor a su amigo y busca a
Teresa y no solo le da el recado, sino que termina saliendo y enamorándose de
Teresa. Pero no era un amor obsesivo ni enfermizo. Alberto estaba enamorado,
a mi juicio, del amor. Ella era una ilusión, Teresa le atraía, pero más parecía un
amor de verano. De hecho, al poco tiempo de estar con Teresa, ocurrió un
malentendido y aquello fue suficiente para salir con otra muchacha.
A la mitad de la lectura aparece un personaje
misterioso, Vargas Llosa hace bien su trabajo de mantenernos con interés hasta
el final para decirnos quien es el pretendiente.
Era un joven esencialmente bueno, de una
familia disfuncional y pobre, maltratado por la vida y aun así con mucha fuerza
de voluntad para salir adelante. Este muchacho se hace ladrón para poder tener
dinero y cortejar a Teresa, estaba enamorado de ella y sentía que sin dinero no
podría llegar a conquistar su corazón. El hampa también le dio dinero para
mantener a su madre. Como todo lo fácil se va fácil y tiene consecuencias. Este
joven termina escapando de la policía y pidiendo ayuda a su padrino. Este señor
lo lleva a vivir a su casa, pero prácticamente lo explota. La esposa del
padrino espera que el esposo se vaya de viaje y acosa al joven y
consecuentemente tienen una relación. El joven, aunque no gustaba de la mujer
cede para poder conseguir sus propósitos. El mayor deseo era entrar en el
colegio Leoncio Prado, propósito que lo logra. Entonces, dentro de la institución
educativa militar, asistían diferentes muchachos que provenían de distintos
mundos y realidades.
Al final, El poeta, un joven que tuvo la suerte
de criarse en un hogar de clase media y con posibilidades de un futuro
brillante, representa quizá aquel doble racero, la doble personalidad. Un joven
inteligente que escribía muy bien y era a toda vista un alumno ejemplar. Al
final este decidió seguir el ejemplo de su padre. Un hombre que si bien tenía
dinero y una posición social, pero que engañaba a su esposa. Eso es lo que Alberto visualizaba estando con su novia Marcela cuando egresó del colegio Militar.
El jaguar, aquel personaje odiado y
estigmatizado por mi parte, resultó ser el personaje que más satisfacción terminó por darme. Fue precisamente el Jaguar, a
quien Vargas Llosa se refería con ese personaje misterioso. Era el quien
realmente amó a Teresa y que la dejó de ver por un tiempo y que el destino los volvió
a unir. Resulta que el jaguar era bueno en esencia y que su comportamiento era básicamente
producto de una niñez disfuncional. Dentro de esa personalidad se encontraba
una persona que nunca engañaría a un compañero, que estaría con él hasta en la
peor situación. Nunca abandonaría a un amigo. Después del colegio, el jaguar consigue un
trabajo estable, deja atrás el mundo del hampa y se casa con su amada Teresa.
Me quedé pensando en algo que analicé varias veces durante esta lectura: al principio yo consideraba al Jaguar prácticamente un villano, mientras que Alberto me parecía el personaje más admirable. Al terminar la novela, mi juicio se volvió mucho más complejo. Esa transformación del lector es una reflexión muy valiosa y podría convertirse en el verdadero cierre de este artículo.
Esta experiencia literaria me enseña
principalmente lo importante que es ser empático, que no debemos juzgar rápidamente
a las personas, que los actos y acciones de los hombres tienen una razón de
ser, y que al final a una persona se le conoce por los frutos que produce.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario