lunes, 26 de octubre de 2026

DÉJALO IR

En el libro autobiográfico titulado "Al rescate" de Thomas S. Monson, el autor menciona una experiencia que tuvo de niño que me hizo reflexionar. Mensajes como este me motivan a escribir; la historia tiene que ver con el arte de pescar

Algunas veces tuve la oportunidad de ir a pescar con amigos, no es una tarea fácil aunque si es divertida. Hoy en día estas actividades son poco promocionadas o reservadas para aquellos que viven en zonas alejadas de la urbe. O simplemente ahora, con el avance de la tecnología,  algunas actividades han sido reemplazadas. Seamos honestos, salir a este tipo de actividades no solo demanda tiempo y planificación, también dinero. Entonces, videojuegos, o pasar incontables horas viendo el televisor, nos han hecho olvidar lo maravilloso que puede ser estar en contacto con la naturaleza. 

El autor empieza citando al primer escritor estadounidense en ganar un premio novel de literatura allá por los años treinta, a continuación un fragmento de la historia de su libro autobiográfico:

Sinclair Lewis, premio Nobel de literatura dijo: "De niño aprendí que hay algo importante y espiritual cuando pescamos en el río". 

Y no podríamos estar más de acuerdo porqué para pescar necesitamos ser pacientes, vigilantes, determinados, resilientes y ser fuertes. Estas son las cualidades de un buen pescador.

De niño yo había aprendidos a pescar muy bien gracias a mis tíos; dominaba las técnicas de pescar y también había aprendido algunos trucos, entre ellos: la importancia de una carnada adecuada, las ventajas de una apropiada caña de pescar, de cuando soltar  o jalar el hilo, de entender la velocidad de la corriente y los lugares adecuados donde pescar . 

Un día salí como de costumbre a pescar, mi gran objetivo era el gran pez dorado. El dorado era una inmensa trucha que solo  algunos habían tenido el privilegio de ver, era una leyenda. Yo había elegido pacientemente el lugar, la carnada y con mucha paciencia me puse a esperar que el dorado pique. Esperé pacientemente y cuando parecía que el encuentro con el dorado se postergaría para otro día, sentí un jalón muy fuerte en el hilo de pescar. No había duda, era el dorado. El pez y yo luchamos intensamente en un tira y afloja. Algunas veces soltaba el hilo para fatigar al pez y no romper  hilo. El pez era muy fuerte y, sin darme cuenta, yo me adentraba poco a poco a las profundidades del río. El agua me pasaba la altura de la cintura, la lucha seguía y ninguno de los dos parecía claudicar. Pero algo pasó, recordé las enseñanzas de mis tíos, no valía la pena exponerse a ahogarse en el río, ni siquiera por el gran pez dorado. Era tiempo de soltar, era tiempo de dejarlo ir. Ese día deje ir al dorado, porque siempre habrá nuevas oportunidades y quizá la próxima vez yo salga vencedor.

Cuantas veces en mi vida me mantuve terco aferrado a mi caña de pescar, lidiando con ese pez añorado. Cuantas de aquellas veces me vi hasta el cuello de agua, solo por no dejarlo ir. 

Para mi fortuna tambien aprendí a soltar, dicen por ahí que lo que es para ti siempre regresa. Aquel pez dorado esperado seguro regresará.


CUANDO UN COCODRILO SE CONVIERTE EN MI HOGAR

Leer a Dostoievski se ha convertido en una experiencia enriquecedora; hasta que me topé con el cuento titulado “El cocodrilo”. Después de la grata sensación que me dejó Noches blancas, El ladrón honrado y El pequeño héroe, leer las primeras paginas de El cocodrilo, simplemente algo no encajaba. Una historia por demás absurda y fantasiosa, me llevó a pensar en dejar de leer el cuento. Afortunadamente para mí, pensé en las razones del autor en escribir este cuento. Quizá había algo más, quizá era yo el que tenía que cambiar mis perspectivas y modelarme a lo que Dostoievski expresaba. Así lo hice y al final encontré lo que busco cuando leo, una enseñanza para mi vida. 

Quiero advertir que hay muchas incoherencias si queremos ser realistas, pero a veces tenemos que dejarnos llevar por la historia y comprender que nuestra vida a veces parece eso, una serie de absurdos donde nosotros somos los actores. También usaré literatura de la religión que abrazo, La iglesia de Jesucristo de los santos de los últimos días, comúnmente llamados mormones.

El cocodrilo es un cuento donde básicamente hay tres personajes que ocupan el protagonismo de la historia. Elena Ivanovna, su esposo Iván Matveievich y el amigo de Iván que es el que relata el cuento.

Iván y su esposa son de una posición económica media alta, viven una vida acomodada y tranquila, tanto es así que hacen los arreglos para salir del país de vacaciones. Antes de partir se les ocurre acudir a una especie de exposición de animales exóticos. Rusia un país generalmente frio donde algunas especies tropicales podrían causar un especial interés. Es así que deciden ir a ver a un cocodrilo y algunos monos. Un alemán, dueño de los animales, estaba ofreciendo el tour en su casa.

Los tres personajes estan en la casa del alemán y lo primero que les llama la atención fue obviamente el reptil. Que animal para mas majestuoso, pero Elena vio algo que al principio le causó una decepción y es que para ella el cocodrilo estaba muerto o era una especie de animal disecado. El libro donde leí el cuento es de la editorial Penguin clásicos, traducido por Bela Martinova. Un fragmento del cuento de la página 358 dice:

 …Me parece que su cocodrilo no está vivo —dijo nuevamente Elena Ivanovna que, molesta por la rigidez del dueño y dirigiéndose a él con un estilo muy femenino y una graciosa sonrisa capaz de aplacar al más grosero.

—¡Oh! ¡No señora! —respondió aquel, pronunciando con dificultad el ruso a la vez que levantaba la red hasta la mitad de la caja y daba con un palo en la cabeza del cocodrilo.

Para dar señales de vida, el astuto monstruo movió ligeramente las patas y la cola, y cuando levantó el morro, lanzó algo similar a un intenso resuello.

Este comentario tendrá alguna importancia más adelante cuando desarrolle un análisis particular.

Todo parecía normal en aquella visita cuando Iván, seguramente atraído por la tentadora tranquilidad de aquel animal, se acercó tanto que empezó a tocarlo. De un momento a otro pasó lo que nos podemos imaginar.

…En aquel instante, un grito horrible, que parecía irreal, estremeció a los que nos encontrábamos en aquel salón. Sin saber que pensar, al principio me quedé clavado en el sitio; al ver que en ese momento también gritaba Elena Ivanovna, me di rápidamente la vuelta y ¡Dios mío lo que ví! El pobre Iván estaba entre las horribles mandíbulas del cocodrilo.

Que escenario para más terrible debió ser aquel momento. Pero aquí esta la parte absurda e incoherente a la que me refería al principio. El dueño del local, antes de llamar a la policía o preocuparse por la víctima, estaba preocupado por su cocodrilo, la mujer, pasado el susto inicial, también pensaba en ella misma y en las consecuencias que esta situación traería a su propia vida. Pero lo más bizarro fue que Iván no había sufrido la fatalidad que todos nos imaginamos, sino que al contrario estaba vivo dentro del cuerpo del reptil.

Eso cambio muchas cosas, la esposa se tranquilizó, Iván pedía al amigo algunos favores. Pero cuando le preguntaron a Iván como se sentía estando ahí adentro del cuerpo del animal el respondió:

…Tranquilízate, amiga mía -dijo, dirigiéndose a su mujer-. Estoy cansado de tantos gritos y disputas y me gustaría dormir un poco. Esto, a pesar de todo, es cálido y muy mullido, aunque todavía no me ha dado tiempo a inspeccionar bien este inesperado refugio mío…

Estoy rodeado de una impenetrable noche -respondió el desdichado preso-, pero puedo palpar y, por si decirlo, de alguna manera, ver con las manos… ¡Así pues, hasta la vista! ¡Estáte tranquila y no te prives de las distracciones!


La historia del cuento es una crítica burlesca del comportamiento humano. Los eruditos actuales del comportamiento humano actual lo llaman “la zona de confort”.

Iván, se había compenetrado tanto en el vientre del cocodrilo que incluso decidió quedarse ahí por mucho tiempo. Esa calides pasajera lo adormeció, eso derivó a que también buscara la forma de poder trabajar dentro del reptil (por mas ridículo que esto parezca) y que, a pesar de estar en un lugar oscuro, podría estar cómodo usando sus manos para descubrir las novedades de aquel lugar.

¿Acaso Dostoievski usó este cuento para enseñarnos algo?

Es mi opinión personal que sí, la página 391 relata las trágicas consecuencias de este estado de confort que Iván decidió vivir:

…Ayer corrieron extraños rumores por nuestra gran capital de hermosos edificios. Un tal N*, conocido gastrónomo de la alta sociedad, cansado de la cocina de Borel y del club de ***ski, entró en el edificio del Pasaje y, tras dirigirse a donde muestran un enorme cocodrilo, recién traído a la capital, encargó que se lo prepararan para comer. Tras llegar a un acuerdo con el dueño, acto seguido procedió a comérselo.

Este es el final adelantado para todos aquellos que vivimos inmersos dentro de nuestra zona de confort.

Esta historia me hace recordar al antiguo testamento cuando Jonás es tragado por un animal marino.

En el libro de Jonás capitulo 1 verso 17 dice:

…Pero Jehová tenía preparado un gran pez para que se tragase a Jonás; y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches.

Si recordamos la historia de Jonás nos daremos cuenta que aquel profeta fue castigado por no obedecer a Jehová. Una vez dentro del gigante pez, la actitud de Jonás fue diferente a la de Iván y eso lo refleja el capitulo 2 versos 1 y 2:

Entonces oró Jonás desde el vientre del pez a Jehová, su Dios, y dijo: Clamé en mi angustia a Jehová, y él me oyó; desde el seno del Seol clamé, y mi voz oíste.

Al final de esta historia bíblica, Jonás es devuelto a tierra seca y obedeció a Dios y cumplió su ministerio.

El cuento de Iván y el cocodrilo me hizo pensar en los cocodrilos de nuestras vidas, todos tenemos reptiles que nos tragan voluntaria o involuntariamente. Por lo general cuando somos tragados voluntariamente se debe por nuestras debilidades o malos hábitos. Lo curioso es que a veces somos atraídos por algo que nos parece conveniente, necesario o incluso beneficioso. Tarde es y nos damos cuenta que somos devorados. A veces actuamos como Iván y empezamos a justificar nuestra situación en lugar de buscar una salida. Estos cocodrilos pueden ser representados por:

·        El trabajo y la ambición de conseguir mas dinero.

·        La necesidad de aprobación, estar pendientes de lo que otros piensan de nosotros.

·        El miedo al cambio.

·        Las obligaciones o responsabilidades terminan absorbiendo nuestra identidad

·        El resentimiento y las heridas del pasado.

·        La comodidad y la postergación.

·        El autoengaño, y este es el cocodrilo más peligroso.

¿Cómo lidiar con esos cocodrilos de nuestras vidas?

Una frase que aprendí cuando vivía en Colombia dice: ¡Lo que esta quieto déjelo quieto¡, Elena, en su inicial encuentro con el cocodrilo vio al animal inmóvil y al parecer muerto, pero eso no le bastó e hizo que molestaran al animal que estaba inerte.

Cuando sabemos que algo nos hace daño, no es necesario andar cerca ni rodearlo, mucho menos jugar con el, Iván pecó de inocente al jugar con el cocodrilo. Además, Iván nos da pistas de como se sintió estando dentro de aquel animal, siente una tranquilidad pasmosa y hasta parece cómodo en aquella oscuridad. Es mi opinion personal que, no me parece una coincidencia que Dostoievski usara aquella frase: Estoy rodeado de una impenetrable noche. La oscuridad para el cristianismo representa el pecado, por el contrario, la luz representa a Cristo y su mensaje.

En el libro de doctrina y convenios capitulo 88 versos 6 y 7 dice:

…La luz de la verdad, la cual brilla. Esta es la luz de Cristo. Como también él está en el sol, y es la luz del sol, y el poder por el cual fue hecho.

En el libro de Mosiah capitulo 16 verso 9 el profeta Abinadí explica sobre esta luz y dice:

Él es la luz y la vida del mundo; sí, una luz que es infinita, que nunca se puede extinguir; sí, y también una vida que es infinita, para que no haya más muerte.

Que conveniente que al final del verso 9 exprese que sin luz hay muerte. Y justamente ese podria haber sido el Final de Iván, pues, aunque pareciera ser que se trataban de noticias falsas, la historia cuenta que un chef famoso compra el cocodrilo para usarlo como ingrediente en una comida exótica.

Aquí va mi reflexión final; hasta cuándo vamos a seguir viviendo dentro del cocodrilo de nuestras vidas, necesitamos despertar y sacudirnos de esta especie de cárcel, salir del interior de aquel monstruo y vivir.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DÉJALO IR

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